Qué es la volatilidad en una inversión y cómo interpretarla

Curso de inversión desde cero · Módulo 2: Entender el riesgo · Lección 8 de 28

En la lección anterior vimos la relación entre riesgo y rentabilidad. Ahora toca aterrizar uno de esos conceptos que vas a encontrarte continuamente cuando empieces a comparar inversiones: la volatilidad.

La idea básica es bastante sencilla: la volatilidad mide cuánto fluctúa una inversión. Si su precio apenas cambia, hablamos de baja volatilidad. Si un día sube con fuerza, al siguiente cae y después vuelve a dispararse, su volatilidad es mayor.

Pero aquí viene el matiz importante.

Volatilidad y riesgo están relacionados, pero no son exactamente lo mismo.

Entender esa diferencia te puede ahorrar bastantes errores, especialmente cuando llegue una caída del mercado y todo parezca bastante más preocupante de lo que parecía cuando los precios subían.

← Lección anterior: Riesgo y rentabilidad Curso completo: Curso de inversión desde cero Siguiente lección: Qué es la liquidez de una inversión →
Qué es la volatilidad
Qué es la volatilidad

Para ir al grano

Quédate con estas cuatro ideas:

  • La volatilidad mide la intensidad de las oscilaciones del precio o de los rendimientos de una inversión.
  • Funciona en las dos direcciones: una subida muy brusca también es volatilidad.
  • Normalmente se calcula utilizando la desviación estándar de los rendimientos.
  • Es una medida útil para entender la incertidumbre de una inversión, pero no recoge todos los riesgos que puedes asumir.

Para mí, esta última idea es la más importante de toda la lección.

Un activo que se mueve muchísimo puede resultar incómodo de mantener. Pero que otro apenas se mueva no significa automáticamente que sea seguro.

Vamos a verlo.

Relacionado Cómo elegir una inversión: las 10 preguntas que yo haría antes de poner un euro

Qué significa realmente que una inversión sea volátil

Imagina dos inversiones que empiezan valiendo 100 €.

La primera hace esto:

100 → 101 → 100 → 102 → 103 → 105

La segunda:

100 → 118 → 91 → 116 → 87 → 105

Las dos empiezan en 100 € y terminan en 105 €.

La experiencia del inversor, sin embargo, ha sido completamente distinta.

MomentoInversión AInversión B
Inicio100 €100 €
1101 €118 €
2100 €91 €
3102 €116 €
4103 €87 €
Final105 €105 €

La inversión B ha recorrido un camino muchísimo más violento.

Eso es precisamente lo que intenta capturar la volatilidad.

BME la define como una medida de la velocidad y magnitud con la que fluctúa el precio de un activo durante un periodo. Y hay algo que merece la pena remarcar: esas fluctuaciones pueden producirse tanto hacia abajo como hacia arriba.

Esto último se olvida mucho.

Cuando una acción sube un 15 % en pocos días solemos hablar de una subida espectacular. Cuando cae un 15 %, hablamos de volatilidad.

Matemáticamente, las dos cosas cuentan.

Relacionado Deuda neta/EBITDA: qué es, cómo se calcula y cómo interpretarla

Cómo se calcula la volatilidad

Aquí podemos complicarnos muchísimo.

No lo vamos a hacer.

Lo que necesitas entender es que la volatilidad suele calcularse a partir de los rendimientos que ha tenido una inversión durante diferentes periodos y de cuánto se han alejado esos rendimientos de su promedio.

La medida estadística utilizada normalmente es la desviación estándar. BME y otras referencias financieras utilizan precisamente la dispersión de los rendimientos alrededor de su media para expresar la volatilidad.

El proceso, simplificado, sería:

  1. Coges los precios del activo.
  2. Calculas sus variaciones o rentabilidades periódicas.
  3. Calculas la rentabilidad media.
  4. Mides cuánto se aleja cada resultado de esa media.
  5. Obtienes la desviación estándar.

Cuanto mayor sea esa dispersión, mayor será la volatilidad.

Si todavía no tienes muy claro cómo pasar de precios a rentabilidades, antes puedes repasar la lección sobre cómo calcular la rentabilidad de una inversión.

La fórmula, por si quieres verla

La encontrarás normalmente expresada de una forma parecida a esta:

σ = √[Σ(rᵢ − r̄)² / (n − 1)]

Donde:

  • σ es la volatilidad o desviación estándar;
  • rᵢ es cada rentabilidad observada;
  • r̄ es la rentabilidad media;
  • n es el número de observaciones.

¿Necesitas calcular esto a mano cada vez que analices una inversión?

No.

Lo importante en un curso de iniciación es que entiendas qué está midiendo el número que tienes delante.

Relacionado Cómo detectar estafas de inversión antes de perder tu dinero

Qué significa una volatilidad del 20 %

Esta parte suele generar bastante confusión.

Si lees que un activo tiene una volatilidad anualizada del 20 %, no significa que vaya a subir o bajar exactamente un 20 % durante el próximo año.

Tampoco significa que su caída máxima posible sea del 20 %.

Y mucho menos que tengas un 20 % de posibilidades de perder dinero.

Ese porcentaje representa una medida estadística de la dispersión de sus rendimientos durante el periodo y utilizando la metodología correspondiente.

Yo la utilizaría principalmente como una herramienta de comparación y de contexto.

Por ejemplo, puedes preguntarte:

  • ¿Se mueve mucho este activo en comparación con otros similares?
  • ¿Su volatilidad ha aumentado respecto a otros periodos?
  • ¿Estoy preparado para ver movimientos de esta magnitud en mi dinero?
  • ¿Qué efecto puede tener dentro del conjunto de mi cartera?

Eso me parece bastante más útil que mirar un 18 %, un 25 % o un 40 % de forma aislada y decidir que uno es “bueno” y otro “malo”.

Relacionado Cómo crear un plan de inversión paso a paso

Volatilidad histórica y volatilidad implícita

Hay dos conceptos que probablemente encontrarás tarde o temprano.

Volatilidad histórica

Es la más intuitiva.

Mira lo que ya ha ocurrido y calcula cuánto han variado los rendimientos del activo durante un periodo anterior.

Por ejemplo, puedes calcular la volatilidad utilizando las rentabilidades diarias de los últimos meses.

Pero hay una limitación evidente:

el pasado no tiene ninguna obligación de repetirse.

Un activo que haya tenido poca volatilidad durante un periodo tranquilo puede empezar a moverse muchísimo cuando cambien las circunstancias.

Volatilidad implícita

Aquí ya entramos en un terreno algo más avanzado.

La volatilidad implícita se deriva de los precios de las opciones y refleja la volatilidad que está incorporando el mercado en esos contratos. CME distingue precisamente entre volatilidad histórica —calculada a partir de movimientos anteriores— e implícita —extraída de los precios de las opciones—.

Si estás empezando a invertir, no necesitas dominar la volatilidad implícita para construir tu primera cartera.

Quédate simplemente con la diferencia:

Histórica → qué volatilidad hemos observado.

Implícita → qué volatilidad está descontando el mercado de opciones.

Relacionado Cómo crear una cartera de inversión desde cero: paso a paso

Volatilidad y riesgo no son exactamente lo mismo

Aquí está, para mí, la parte más importante.

La volatilidad puede utilizarse como una medida del riesgo o de la incertidumbre de una inversión. De hecho, la CNMV utiliza la volatilidad histórica como indicador para evaluar la incertidumbre asociada al comportamiento de un valor.

Pero reducir todo el riesgo de una inversión a su volatilidad sería quedarse bastante corto.

Piensa en dos situaciones.

Caso 1: una buena inversión cuyo precio cae temporalmente

Compras un activo por 100 €.

El mercado entra en pánico y cae hasta 75 €.

Meses después recupera los 100 € y continúa subiendo.

Ha existido una oscilación enorme.

Ha habido volatilidad.

Caso 2: una inversión que apenas cotiza pero puede perder gran parte de su valor

Ahora imagina una participación en un negocio privado cuyo precio no aparece en una pantalla cada segundo.

Puede pasar meses sin que nadie actualice oficialmente su valoración.

Sobre el papel parece muchísimo menos volátil.

¿Significa eso que es necesariamente más segura?

No.

El negocio podría endeudarse demasiado, perder clientes, quedarse sin liquidez o incluso quebrar.

Que no veas moverse el precio no elimina el riesgo.

Esta diferencia me parece fundamental:

La volatilidad te dice cuánto se mueve el precio. El riesgo te obliga a preguntarte qué puede hacerte perder dinero y por qué.

Por eso esta lección complementa la anterior sobre riesgo y rentabilidad, pero no la sustituye.

Una caída tampoco es lo mismo que volatilidad

Otro matiz.

Imagina una inversión que pasa de 100 € a 20 € y después permanece indefinidamente alrededor de 20 €.

El gran movimiento inicial fue muy volátil.

Pero el problema importante no es que el precio se moviese.

El problema es que has sufrido una pérdida enorme de valor.

También ocurre al contrario.

Un activo podría subir:

100 → 115 → 130 → 145.

Son movimientos grandes y, por tanto, existe volatilidad.

Aunque psicológicamente probablemente te moleste bastante menos.

Por eso yo evitaría utilizar “volátil” como sinónimo automático de “está cayendo”.

No es lo mismo.

¿Qué hace que aumente la volatilidad?

Los precios se mueven porque cambia lo que compradores y vendedores están dispuestos a pagar.

Cuando esas expectativas cambian de forma brusca, los movimientos también pueden hacerlo.

Algunas causas habituales son:

  • resultados empresariales inesperados;
  • cambios en los tipos de interés;
  • datos de inflación, empleo o crecimiento;
  • cambios regulatorios;
  • acontecimientos geopolíticos;
  • problemas específicos de una empresa;
  • cambios rápidos en las expectativas;
  • poca liquidez;
  • posiciones apalancadas que tienen que cerrarse;
  • miedo o euforia entre los participantes del mercado.

Pero cuidado con sacar una conclusión demasiado rápida.

Más volatilidad no significa automáticamente que haya aparecido un problema fundamental.

A veces sí.

Otras veces simplemente hay más desacuerdo, incertidumbre o nerviosismo sobre lo que debería valer un activo.

La pregunta útil no es únicamente:

¿Por qué está cayendo?

Yo añadiría otra:

¿Ha cambiado algo importante en la inversión o simplemente está cambiando mucho su precio?

Son preguntas distintas.

Lo importante no es eliminar la volatilidad, sino saber si puedes convivir con ella

Supongamos que inviertes 10.000 €.

Después de unos meses ves:

10.000 € → 8.000 €.

Sabías intelectualmente que tu inversión podía fluctuar.

Pero ahora hay 2.000 € menos en la pantalla.

La teoría cambia un poco cuando el dinero es tuyo.

Y aquí aparece una de las consecuencias más importantes de la volatilidad: puede empujarte a tomar decisiones que no formaban parte de tu plan.

Vender por miedo.

Comprar más porque todo sube.

Cambiar de estrategia.

Intentar adivinar el siguiente movimiento.

Mirar la cartera veinte veces al día.

Por eso tu capacidad para soportar volatilidad no depende únicamente de las matemáticas.

También importa cuándo vas a necesitar el dinero. Lo veremos con bastante más detalle en la lección sobre horizonte temporal de una inversión.

Y tampoco es igual lo que puedes asumir financieramente que lo que eres capaz de soportar emocionalmente. Esa diferencia la trabajaremos en qué es el perfil inversor.

No quiero desarrollar ahora esas dos ideas porque tienen sus propias lecciones.

Pero sí quiero que te quedes con esto:

una volatilidad soportable sobre una hoja de cálculo puede sentirse muy diferente cuando afecta a tu patrimonio.

¿Una inversión con poca volatilidad es mejor?

No necesariamente.

Y este es uno de los errores que más evitaría.

Imagina estas dos inversiones hipotéticas:

Inversión A: fluctúa bastante, pero termina generando una rentabilidad positiva a largo plazo.

Inversión B: apenas fluctúa, pero pierde lentamente poder adquisitivo o tiene un riesgo oculto que todavía no se ha materializado.

Mirando únicamente la volatilidad podrías preferir B.

Mirando la inversión completa, quizá llegarías a una conclusión diferente.

La volatilidad es una pieza del puzle.

No el puzle entero.

Necesitas verla junto a otros elementos:

  • rentabilidad esperada;
  • posibilidad de pérdida permanente;
  • horizonte;
  • liquidez;
  • costes;
  • concentración;
  • características concretas del activo.

Precisamente por eso este curso va separando los conceptos.

No quiero darte una lista de diez ratios y decirte que invertir consiste en buscar el número más bonito.

Quiero que entiendas qué pregunta responde cada dato.

Entonces, ¿cuándo hay “mucha” volatilidad?

Depende de con qué compares.

Un porcentaje de volatilidad que puede parecer elevado para un activo podría ser bastante normal para otro.

También importa el periodo utilizado.

No tiene demasiado sentido comparar sin más:

  • volatilidad diaria con mensual;
  • periodos de tiempo diferentes;
  • activos completamente distintos;
  • cálculos realizados con metodologías diferentes.

Por eso, cuando mires la volatilidad, intenta comparar cosas comparables.

Una acción con otras acciones similares.

Un fondo con fondos de una categoría comparable.

El mismo activo en diferentes periodos.

Una cartera con otra que persiga un objetivo parecido.

Y aun así, recuerda que el dato describe una distribución estadística. No pone un techo a las pérdidas ni predice lo que ocurrirá mañana.

La volatilidad de una cartera puede ser distinta a la de sus inversiones por separado

Este punto es muy interesante.

Supongamos que tienes dos activos muy volátiles.

¿Tu cartera necesariamente tendrá la suma de la volatilidad de ambos?

No.

Todo depende también de cómo se muevan entre ellos.

Si tienden a reaccionar de manera distinta ante determinados acontecimientos, sus movimientos pueden compensarse parcialmente.

Y aquí empiezan a conectarse varias piezas importantes del curso:

No vamos a desarrollar ninguna de las tres cosas aquí porque llegarán más adelante.

Pero sí quiero plantar una idea:

no analices únicamente cuánto se mueve cada activo. También importa qué ocurre cuando los juntas.

Cómo usar la volatilidad antes de invertir

Yo la utilizaría como una señal para hacer mejores preguntas.

No como un semáforo automático que diga comprar o no comprar.

Antes de invertir en algo, podrías preguntarte:

¿Cuánto se ha movido históricamente?

Te ayuda a crear expectativas más realistas.

¿Qué ocurrió durante periodos complicados?

Una media puede esconder momentos bastante incómodos.

¿Qué pasaría si mi inversión cayese mucho temporalmente?

No hace falta acertar el próximo mercado bajista. Lo importante es saber cómo reaccionarías.

¿Necesitaré pronto ese dinero?

Cuanto menos margen temporal tengas, más importantes pueden ser las oscilaciones.

¿Estoy viendo el activo aislado o dentro de mi cartera?

La cartera completa es lo que termina afectando a tu patrimonio.

Y añadiría una última:

¿Estoy intentando evitar toda volatilidad a costa de asumir otros riesgos que no estoy viendo?

Esa pregunta merece bastante más atención de la que normalmente recibe.

Si estás pasando de aprender los conceptos a empezar a invertir, la plataforma que recomendamos dentro del curso es Freedom24. Antes de poner dinero, revisa siempre los productos, costes y condiciones que encajen con lo que quieres hacer. Desde este enlace puedes abrir una cuenta en Freedom24 y consultar la promoción vigente asociada.

Los errores que intentaría evitar con la volatilidad

Pensar que volatilidad alta significa automáticamente mala inversión

No.

Significa que sus rendimientos han variado más o que se espera una mayor variación, dependiendo de la medida que estés mirando.

Después tendrás que entender por qué.

Pensar que poca volatilidad significa seguridad

Tampoco.

Puede haber riesgos que no se manifiesten como movimientos diarios de precio.

Mirar únicamente las caídas

Las subidas bruscas también cuentan como volatilidad.

Comparar cifras que no son comparables

Periodo, frecuencia de los datos y tipo de activo importan.

Creer que la volatilidad pasada predice la futura

La volatilidad histórica describe lo ocurrido.

No firma ningún contrato con el futuro.

Elegir una cartera que solo soportas cuando sube

Este me parece especialmente peligroso.

Una estrategia no está bien adaptada a ti simplemente porque puedes mantenerla durante seis meses tranquilos.

La prueba aparece cuando el mercado deja de colaborar.

Intentar acertar cada subida y cada caída

Cuanto más se mueve el mercado, mayor suele ser la tentación de hacer algo.

Pero movimiento no significa necesariamente oportunidad.

Más adelante dedicaremos una lección completa al market timing y al intento de adivinar el mercado.

Con qué quiero que te quedes

La volatilidad no necesita ser complicada.

Mide cuánto varían los rendimientos de una inversión. Cuanto mayores sean esas oscilaciones, mayor será su volatilidad.

Te sirve para entender mejor el comportamiento que ha tenido un activo, comparar inversiones y hacerte una idea del nivel de movimiento que podrías llegar a encontrarte.

Pero no la conviertas en una definición completa del riesgo.

Una inversión puede ser volátil y recuperarse.

Otra puede parecer estable y acabar provocando una pérdida importante.

Yo utilizaría la volatilidad como una pregunta, no como una respuesta:

¿Estoy preparado para soportar estos movimientos y entiendo realmente los riesgos que hay detrás de esta inversión?

Si sabes responder eso, el porcentaje empieza a tener sentido.

Y ahora viene otra variable que cambia bastante cómo debes analizar cualquier inversión: ¿puedes recuperar tu dinero fácilmente cuando lo necesites?

Eso es la liquidez.

← Lección anterior: Riesgo y rentabilidad
Siguiente lección: Qué es la liquidez de una inversión →

Puedes seguir todas las lecciones desde el Curso de inversión desde cero.

Y si ya tienes una base suficiente para empezar a poner en práctica lo aprendido, puedes abrir tu cuenta en Freedom24 desde el enlace del curso y revisar la promoción disponible. Yo no decidiría únicamente por una promoción: primero asegúrate de entender dónde vas a invertir, cuánto te cuesta y qué riesgos estás asumiendo.