Si solo recuerdas una cosa, que sea esta
Antes de invertir yo pasaría cualquier oportunidad por tres filtros:
1. ¿Encaja conmigo?
Objetivo, plazo, capacidad para asumir pérdidas y necesidad de disponer del dinero.
2. ¿Entiendo realmente la inversión?
Cómo genera rentabilidad, qué riesgos tiene, cuánto cuesta, cómo puedo salir y qué podría hacerme perder dinero.
3. ¿Sé con quién estoy tratando?
Quién emite o gestiona el producto, a través de qué intermediario lo compro y qué documentación y regulación existen.
Si no puedo responder razonablemente bien a esas tres partes, todavía no tengo una inversión. Tengo algo que necesito seguir investigando.
La propia CNMV insiste en una idea bastante simple: no deberías invertir en productos cuyas características y riesgos no comprendes. También señala rentabilidad, riesgo y gastos entre los elementos fundamentales que debes conocer antes de tomar la decisión.
Para mí, ese es un buen punto de partida.
Antes de analizar la inversión, comprueba si encaja contigo
Aquí es muy fácil empezar por el sitio equivocado.
Ves un ETF, una acción, un bono, Bitcoin, un fondo o una oportunidad inmobiliaria y empiezas inmediatamente a estudiar el producto.
Yo haría primero tres preguntas.
¿Para qué estás invirtiendo?
No es lo mismo invertir para utilizar el dinero dentro de tres años que hacerlo pensando en acumular patrimonio durante treinta.
Tampoco es lo mismo intentar proteger una determinada cantidad de capital que buscar crecimiento a largo plazo.
Tu inversión debería existir para cumplir un objetivo, no al revés.
Ya trabajamos esto en la lección sobre cómo definir tus objetivos de inversión.
¿Cuándo necesitarás el dinero?
El tiempo cambia muchísimo lo que puedes permitirte.
Una caída importante puede ser incómoda cuando tienes décadas por delante. Puede convertirse en un problema enorme si necesitas vender dentro de seis meses.
Por eso conviene tener claro tu horizonte temporal de inversión antes de empezar a buscar productos.
¿Cuánto riesgo puedes asumir de verdad?
Y aquí no me interesa únicamente cuánto riesgo dices que toleras cuando todo está subiendo.
También importa cuánto riesgo puedes permitirte financieramente.
Si una caída del 30 % te obligaría a vender porque necesitas ese dinero, el problema no es solo psicológico.
En las lecciones anteriores ya vimos la relación entre riesgo y rentabilidad y cómo definir tu perfil inversor.
Aquí no voy a repetirlas.
Lo importante para elegir una inversión es entender algo bastante sencillo:
primero defines tus necesidades y después buscas inversiones compatibles con ellas.
No deberías escoger una inversión espectacular y luego intentar convencerte de que encaja contigo.
Mi checklist de 10 preguntas para elegir una inversión
Ahora sí.
Imagina que tienes delante una inversión concreta.
Da igual que sea una acción, un fondo, un ETF, una emisión de renta fija, un inmueble o un criptoactivo.
Estas son las preguntas que yo intentaría contestar.
1. ¿Entiendo realmente en qué estoy invirtiendo?
Esta es la primera barrera.
Y parece obvia hasta que intentas hacerlo.
Deberías poder explicar con tus propias palabras:
- qué estás comprando;
- qué derecho económico tienes al comprarlo;
- de dónde podría salir tu rentabilidad;
- cuáles son los riesgos principales;
- cómo recuperas tu dinero.
No necesitas conocer hasta el último detalle técnico.
Pero sí deberías comprender el mecanismo básico de la inversión.
Por ejemplo, decir:
“Compro esto porque está subiendo”
no explica nada.
Tampoco:
“Me han dicho que tiene un 10 % de rentabilidad”.
La pregunta es otra:
¿De dónde sale ese 10 %?
¿Intereses?
¿Beneficios empresariales?
¿Alquileres?
¿Dividendos?
¿Una subida futura del precio?
¿Una prima por asumir riesgo de crédito?
¿Una fórmula vinculada a otro activo?
Cuanto más difícil resulte explicar de dónde sale la rentabilidad, más despacio iría.
Y si después de leer la documentación sigo sin entender cómo funciona, yo no intentaría demostrar que soy suficientemente listo para comprarlo.
Buscaría otra cosa.
2. ¿Cómo puede generar rentabilidad?
Esta pregunta merece separarse de la anterior.
Entender qué compras no significa entender por qué esperas ganar dinero.
Toda inversión necesita algún motor económico.
Una empresa puede aumentar beneficios.
Un bono puede pagar intereses.
Un inmueble puede generar alquileres.
Un activo escaso puede aumentar de precio si crece la demanda.
Un proyecto empresarial puede reinvertir capital y aumentar su valor.
Lo que me interesa es que exista una explicación más sólida que:
“Creo que alguien pagará más dentro de unos meses”.
Eso no significa que una tesis tenga que cumplirse.
Puedes analizar perfectamente una inversión y aun así perder dinero.
Invertir siempre implica incertidumbre.
Pero hay una diferencia enorme entre asumir una incertidumbre que entiendes y poner dinero en algo únicamente porque el gráfico tiene buena pinta.
3. ¿Qué tendría que pasar para que perdiera dinero?
Probablemente sea mi pregunta favorita de toda la lista.
Cuando una inversión nos gusta, nuestro cerebro empieza rápidamente a construir el escenario positivo.
Si crece…
Si suben los beneficios…
Si bajan los tipos…
Si sigue aumentando la demanda…
Si llega a determinado precio…
Yo obligaría a hacer el ejercicio contrario.
¿Qué tendría que salir mal?
Podría caer el precio.
El emisor podría tener problemas para pagar.
Los beneficios podrían disminuir.
Podría aparecer un competidor.
El activo podría perder demanda.
Podría cambiar la regulación.
La inversión podría estar demasiado concentrada.
Podrías verte obligado a vender en un mal momento.
Incluso puedes equivocarte simplemente en el precio que pagas.
Una inversión no debería analizarse únicamente preguntando:
¿Cuánto podría ganar?
También:
¿Cuánto puedo perder y por qué podría perderlo?
La CNMV distingue, entre otros, riesgos relacionados con mercado, crédito y liquidez. El tipo de riesgo cambia según lo que estés comprando.
Y hay otro matiz.
Una gran empresa no tiene por qué ser una gran inversión a cualquier precio.
Un activo interesante tampoco tiene por qué ser interesante independientemente de su valoración.
Producto, precio y riesgo forman parte de la misma decisión.
4. ¿Durante cuánto tiempo tiene sentido mantenerla?
Hay inversiones cuya tesis necesita años.
Otras tienen una fecha de vencimiento.
Algunas puedes venderlas mañana.
Y otras pueden obligarte a inmovilizar el dinero durante bastante tiempo.
Lo importante no es buscar siempre la inversión con el plazo más corto o la mayor flexibilidad.
Es comprobar si su plazo encaja con el tuyo.
Imagina que una inversión tiene sentido siempre que puedas mantenerla diez años.
Perfecto.
Pero si necesitas ese dinero dentro de dos, tienes un problema aunque la inversión sea estupenda para otra persona.
Por eso insisto tanto en separar:
“¿Es una buena inversión?”
de:
“¿Es una buena inversión para esta necesidad concreta?”
Son preguntas diferentes.
5. ¿Qué ocurre si quiero recuperar mi dinero?
Aquí entra la liquidez.
Puedes tener una inversión rentable sobre el papel y descubrir que salir de ella es complicado, lento o caro.
Pregúntate:
- ¿puedo vender cuando quiera?;
- ¿hay compradores suficientes?;
- ¿existe un vencimiento?;
- ¿hay periodos de bloqueo?;
- ¿tengo que pagar una penalización por salir?;
- ¿podría verme obligado a aceptar un precio mucho peor?;
- ¿dependo de que un tercero me recompre la inversión?
Esto no significa que una inversión ilíquida sea necesariamente mala.
Significa que la falta de liquidez tiene un coste y debes saber que estás aceptándolo.
Si quieres entenderlo en profundidad, tienes la lección específica sobre liquidez de una inversión.
6. ¿Cuánto me cuesta realmente?
Este punto viene justo después de nuestra lección anterior por una razón.
Dos inversiones con una rentabilidad bruta parecida pueden terminar produciendo resultados bastante diferentes si sus costes son distintos.
Puede haber:
- comisión de compra;
- comisión de venta;
- custodia;
- gestión;
- comisión de éxito;
- spread;
- cambio de divisa;
- costes internos del producto;
- penalizaciones;
- otros gastos asociados.
No quiero repetir aquí toda la explicación porque tienes la lección completa sobre comisiones y costes de inversión.
Pero sí me quedaría con esta regla:
no compares rentabilidades sin comparar también lo que tienes que pagar para conseguirlas.
Pongamos un ejemplo hipotético muy sencillo.
Una alternativa intenta generar un 6 % anual y cuesta un 0,30 %.
Otra intenta generar un 6,5 % y termina costándote un 1,50 %.
No puedes quedarte con el 6,5 % y declarar ganadora a la segunda.
Primero necesitas entender la rentabilidad que podría quedar después de costes y el riesgo que has tenido que asumir para intentar obtenerla.
Los gastos reducen la rentabilidad final, algo que la CNMV también señala expresamente en su información para inversores.
7. ¿Cómo tributa?
No dejaría que los impuestos decidieran toda mi estrategia de inversión.
Pero tampoco los ignoraría.
Lo que importa es lo que conservas después de costes e impuestos, no únicamente el porcentaje bonito que aparece antes de ambos.
El tratamiento fiscal puede cambiar según:
- el producto;
- cómo genere la rentabilidad;
- cuándo vendas;
- tu situación;
- la jurisdicción;
- las posibilidades de diferir determinadas tributaciones.
No voy a entrar aquí en los detalles porque acabaríamos convirtiendo esta lección en otra distinta.
Tienes una guía específica sobre la fiscalidad de las inversiones en España para profundizar.
Aquí basta con una pregunta:
¿sé, al menos de forma general, qué consecuencias fiscales tiene esta inversión?
Si la respuesta es no, averígualo antes.
8. ¿Quién está al otro lado?
Esta pregunta cambia según la inversión.
Puede ser:
- una empresa;
- un Estado;
- una gestora;
- una plataforma;
- un banco;
- un proyecto;
- un protocolo;
- un promotor inmobiliario;
- una contraparte.
Necesitas saber de quién depende que se cumpla lo que estás comprando.
No miraría únicamente el nombre comercial.
Miraría la entidad jurídica, quién gestiona el dinero, quién custodia los activos cuando proceda y qué documentación existe.
Y distinguiría dos decisiones que muchas veces se mezclan:
qué inversión eliges y a través de qué intermediario la compras.
No son lo mismo.
Puedes elegir bien el producto y equivocarte con la plataforma.
Y puedes utilizar un buen intermediario para comprar una inversión horrible.
Si ya tienes clara tu estrategia y buscas una plataforma para ejecutarla
En el curso recomendamos Freedom24 como una de las plataformas desde las que puedes acceder a diferentes mercados e instrumentos.
Puedes abrir tu cuenta en Freedom24 desde aquí y acceder a la promoción asociada al enlace, siempre revisando previamente las condiciones de la promoción y de los productos que vayas a utilizar.
La plataforma es la herramienta.
La decisión de inversión sigue siendo tuya.
9. ¿Quién regula al intermediario y qué documentación puedo comprobar?
Que una inversión aparezca en una web bonita no significa nada.
Que una persona tenga miles de seguidores tampoco.
Y que alguien utilice palabras como “regulado”, “garantizado” o “institucional” no debería bastarte.
Si estás utilizando una entidad para prestar servicios de inversión, comprueba quién es la entidad jurídica y si está autorizada para prestarlos.
La CNMV mantiene registros oficiales de entidades autorizadas y también información sobre entidades advertidas. Además, recuerda que no todas las entidades autorizadas pueden prestar necesariamente todos los servicios.
Esto es importante:
regulación no significa que tu inversión vaya a ganar dinero.
Una entidad puede estar perfectamente autorizada y tú comprar un activo que posteriormente caiga un 40 %.
Son riesgos diferentes.
La regulación te ayuda a evaluar con quién estás operando y bajo qué marco.
No elimina el riesgo económico de la inversión.
También revisaría la documentación disponible.
Según el producto pueden existir folletos, documentos de datos fundamentales, informes financieros, contratos, whitepapers, términos del servicio o documentación del emisor.
Cuanto más dinero vaya a poner, menos me gustaría depender de un vídeo de YouTube como única fuente.
Y si algo empieza a oler raro, tienes una lección específica sobre cómo detectar estafas de inversión.
10. ¿Qué trabajo va a hacer esta inversión dentro de mi cartera?
Esta pregunta cambia bastante la forma de pensar.
No quiero inversiones simplemente porque sean interesantes.
Quiero saber para qué están ahí.
Una inversión podría existir para aportar crecimiento.
Otra para reducir determinadas fuentes de riesgo.
Otra para proporcionar liquidez.
Otra para generar rentas.
Otra podría ser una posición pequeña y especulativa en la que aceptas una incertidumbre considerable.
Lo que no me gusta es acumular productos sin saber qué función cumple cada uno.
Porque entonces sucede algo curioso.
Terminas con siete fondos, cuatro ETFs, cinco acciones, dos criptomonedas y algún otro producto…
…pero no necesariamente tienes una estrategia.
Solo tienes muchas cosas.
En la siguiente lección empezaremos precisamente a resolver esto creando tu plan de inversión.
No puntuaría una inversión del 1 al 10: intentaría descartarla primero
Aquí haría algo distinto a lo habitual.
No crearía una fórmula del tipo:
Rentabilidad: 8/10
Riesgo: 6/10
Liquidez: 9/10
Total: 7,67/10
Eso da una precisión que realmente no existe.
Prefiero un filtro.
| Pregunta | Bien encaminado | Necesito investigar | Yo frenaría |
|---|---|---|---|
| ¿Entiendo la inversión? | Puedo explicarla con palabras sencillas | Tengo algunas dudas | No sé realmente qué estoy comprando |
| ¿Sé cómo genera rentabilidad? | El mecanismo está claro | Depende de supuestos difíciles de estimar | Solo existe una promesa de rentabilidad |
| ¿Conozco las pérdidas posibles? | Identifico los principales escenarios | Me faltan riesgos por entender | No sé cuánto ni cómo puedo perder |
| ¿Puedo salir? | Conozco cómo y cuándo | Existen restricciones asumibles | No sé cómo recuperar el dinero |
| ¿Conozco los costes? | Sé qué pago y cuándo | Falta algún coste por comprobar | Los costes son opacos |
| ¿Sé quién está detrás? | Entidad y documentación identificadas | Necesito verificar alguna parte | No puedo comprobar quién recibe o gestiona el dinero |
| ¿Encaja conmigo? | Objetivo, plazo y riesgo tienen sentido | Hay algún desajuste | Necesito este dinero o no puedo asumir la pérdida |
La idea no es que una fila amarilla convierta automáticamente la inversión en mala.
Significa:
todavía tienes trabajo que hacer.
Y una fila roja puede ser suficiente para no continuar hasta resolverla.
Especialmente si no entiendes el producto, no sabes quién tiene tu dinero o no puedes explicar cómo podrías perderlo.
Un ejemplo: la inversión que promete más no tiene por qué ser la mejor
Imagina dos oportunidades completamente hipotéticas.
Inversión A
Sabes qué activo compra.
Entiendes por qué podría generar rentabilidad.
Puedes consultar diariamente su valoración.
Puedes vender con relativa facilidad.
Conoces los costes.
Sabes qué riesgos estás asumiendo.
No existe ninguna promesa de rentabilidad.
Inversión B
Te hablan de una rentabilidad objetivo mucho mayor.
Pero el mecanismo para conseguirla es difícil de explicar.
Tu dinero queda bloqueado durante varios años.
Hay una penalización por salir.
No tienes claros todos los costes.
Y la explicación sobre dónde se custodia el dinero es bastante vaga.
¿Cuál tiene más potencial?
No tenemos información suficiente para saberlo.
¿En cuál invertiría?
Yo no pondría un euro en B hasta haber resuelto todas esas dudas.
Puede resultar que después de investigarla sea legítima e interesante.
O puede que no.
Ese es precisamente el punto.
Elegir una inversión no consiste en encontrar razones para comprarla.
Consiste en intentar entenderla suficientemente bien como para poder rechazarla.
Si sobrevive a ese proceso, entonces empiezas a tener algo interesante que estudiar.
Cinco errores que intentaría evitar al elegir dónde invertir
Buscar primero la mayor rentabilidad
La rentabilidad aislada dice bastante poco.
Quiero saber qué riesgo tengo que asumir para intentar conseguirla.
Una promesa extraordinaria debería provocar más preguntas, no menos.
La CNMV mantiene precisamente entre sus recomendaciones desconfiar de altas rentabilidades sin riesgo y de productos que no se comprenden.
Elegir mirando solo rentabilidades pasadas
Saber qué ocurrió puede ser útil.
Suponer que va a repetirse ya es otra historia.
Un activo puede haber subido muchísimo y ser peor inversión precisamente porque ahora estás pagando un precio mucho más exigente.
Invertir porque alguien con autoridad lo recomienda
Puedes escuchar opiniones.
Yo también lo hago.
Pero la explicación debería acabar pasando por tu propia cabeza.
¿Qué compra?
¿Por qué podría generar rentabilidad?
¿Qué riesgos tiene?
¿Encaja con tu situación?
Si una recomendación no te permite contestar eso, todavía dependes de la persona que te la dio.
Confundir complejidad con sofisticación
Algo difícil de entender no es automáticamente mejor.
A veces simplemente es más difícil de entender.
Para mí, la simplicidad tiene muchísimo valor en inversión porque hace más fácil saber qué tienes, cuánto pagas y qué riesgos estás asumiendo.
Si dos alternativas hacen un trabajo parecido y una me permite comprender mucho mejor qué está ocurriendo, esa simplicidad pesa bastante.
Tomar la promoción como motivo para invertir
Una promoción puede ser bienvenida.
Pero nunca convertiría un regalo, descuento o incentivo comercial en la razón por la que compro una inversión.
Primero decides qué necesitas.
Después eliges producto.
Después eliges dónde ejecutarlo.
Y solo entonces tiene sentido aprovechar una buena condición comercial.
Ese orden importa.
Una comprobación de 60 segundos antes de pulsar “comprar”
Antes de ejecutar una inversión, intenta terminar estas frases sin consultar nada:
Estoy comprando: ______
Espero que genere rentabilidad porque: ______
Puedo perder dinero si: ______
Mi plazo es: ______
Si necesito salir, tengo que: ______
Voy a pagar aproximadamente: ______
La entidad/emisor detrás es: ______
Esta inversión encaja en mi estrategia porque: ______
Si puedes responderlas con claridad, perfecto.
Si te bloqueas en varias, yo no tendría ninguna prisa.
No existe premio por invertir hoy.
Habrá más acciones.
Más fondos.
Más bonos.
Más ETFs.
Más proyectos.
Más oportunidades.
Perder una oportunidad que no entiendes suele ser bastante menos grave que poner dinero en ella sin saber qué estás haciendo.
Entonces, ¿cómo elegir una buena inversión?
Yo no buscaría “la mejor inversión”.
Buscaría una inversión suficientemente buena para un objetivo concreto y cuyos riesgos pueda entender y asumir.
Para mí, una decisión empieza a tener sentido cuando se cumplen cinco cosas:
- Entiendo qué estoy comprando y cómo puede generar rentabilidad.
- Conozco razonablemente bien qué puede hacerme perder dinero.
- Su riesgo, plazo y liquidez encajan con mis necesidades.
- Sé cuánto voy a pagar y las principales implicaciones fiscales.
- Puedo identificar al emisor, gestor e intermediario y comprobar la información importante.
Después ya puedes comparar alternativas.
Pero en ese orden.
No empieces preguntándote cuál puede subir más.
Empieza preguntándote:
¿qué tendría que ser verdad para que esta inversión tenga sentido para mí?
Y después intenta demostrar que estás equivocado.
Ese pequeño cambio de mentalidad me parece mucho más valioso que cualquier lista con “las 10 mejores inversiones del momento”.
¿Ya sabes qué quieres comprar y buscas dónde hacerlo?
Puedes abrir una cuenta en Freedom24 desde este enlace y acceder a la promoción asociada si cumples sus condiciones.
Eso sí: elige primero la inversión y después la plataforma desde la que ejecutarla, no al revés.
Tu siguiente paso: dejar de decidir sobre la marcha
Llegados a este punto ya tienes casi todas las piezas.
Sabes analizar objetivos, riesgo, horizonte, liquidez, costes y ahora también tienes un sistema para filtrar inversiones.
Lo siguiente es especialmente importante.
Vamos a convertir todas esas ideas en reglas escritas.
Así, cuando aparezca la próxima inversión de moda, no tendrás que improvisar desde cero.
Continúa con la lección 24: cómo crear un plan de inversión.
Y si has llegado directamente a esta lección, yo repasaría también la anterior sobre comisiones y costes de invertir.
Sigue profundizando dentro del curso
Según la duda que tengas, estas son las lecciones que más sentido tienen después de esta:
- Cómo definir tus objetivos de inversión
- Qué es el horizonte temporal
- Qué es el perfil inversor
- Riesgo y rentabilidad
- Qué es la liquidez de una inversión
- Fiscalidad de las inversiones en España
- Cómo detectar estafas de inversión
Y recuerda que todas forman parte del Curso de inversión desde cero.
Si ya estás preparado para empezar
Si después de hacer todo este análisis has decidido que quieres empezar a invertir, puedes abrir tu cuenta en Freedom24 y consultar la promoción disponible desde este enlace.
Antes de contratar cualquier producto, revisa sus características, riesgos, costes y condiciones. La promoción es un extra; nunca debería ser el motivo por el que eliges una inversión.










