Gestión del riesgo en bolsa: cómo evitar que una acción destruya tu cartera

Puedes acertar con muchas de tus inversiones y, aun así, tener un problema serio si una sola posición tiene suficiente peso como para hacer mucho daño cuando sale mal.

Para mí, esa es la idea central de la gestión del riesgo en bolsa.No consiste en conseguir que tu cartera nunca caiga. Eso es imposible. Tampoco consiste en adivinar qué empresa va a tener problemas antes que todo el mercado.Consiste en construir una cartera en la que puedas equivocarte y seguir adelante.Y esto cambia bastante la forma de invertir.
Esta es la lección 27 del Curso de Bolsa desde Cero GRATIS, dentro del módulo dedicado a construir una cartera de acciones.Lección anterior: Cómo crear una cartera de acciones Siguiente lección: Cómo rebalancear una cartera
Gestión del riesgo en bolsa
Gestión del riesgo en bolsa

Quédate con esta idea

Una buena gestión del riesgo no intenta eliminar todas las pérdidas.

Intenta que ninguna pérdida razonablemente posible pueda destrozar tu cartera.

Para conseguirlo, yo miraría sobre todo cinco cosas:

  • cuánto pesa cada posición;
  • qué tendría que ocurrir para perder dinero de forma permanente;
  • cuánto dependes de los mismos riesgos aunque tengas varias acciones;
  • cuándo podrías necesitar recuperar el dinero;
  • y qué hechos harían que tu tesis de inversión dejase de tener sentido.

La pregunta no es únicamente:

“¿Cuánto puede subir esta acción?”

También tienes que preguntarte:

“¿Qué pasa con mi cartera si me equivoco por completo?”

Ahí empieza de verdad la gestión del riesgo.

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Qué es la gestión del riesgo en bolsa

Gestionar el riesgo es identificar qué cosas pueden salir mal, entender cuánto daño podrían hacerte y decidir de antemano cuánto riesgo estás dispuesto a asumir.

Parece bastante obvio.

El problema es que cuando una acción nos gusta solemos hacer justo lo contrario: pensamos muchísimo en lo que podríamos ganar y bastante menos en lo que ocurriría si nuestra tesis resulta equivocada.

Yo lo separaría en tres preguntas.

1. ¿Qué puede salir mal en la empresa?

Puede perder clientes, endeudarse demasiado, quedarse atrás frente a la competencia, sufrir presión sobre sus márgenes o simplemente no crecer tanto como esperaba el mercado.

2. ¿Qué puede pasar con la cotización?

Incluso una empresa que siga funcionando razonablemente bien puede caer un 20 %, un 30 % o más en determinados momentos.

3. ¿Qué impacto tendría eso en tu cartera?

Esta es la parte que más puedes controlar.

No decides cuánto va a caer una acción.

Sí decides cuánto dinero expones a ella.

Y esa diferencia es enorme.

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El tamaño de la posición importa más de lo que parece

Pongamos números.

Imagina una cartera de 100.000 €.

Has encontrado una empresa que te parece extraordinaria y decides invertir 50.000 €.

La posición representa el 50 % de tu patrimonio invertido.

Ahora imagina que la acción cae un 70 %.

Has perdido:

50.000 € × 70 % = 35.000 €

Suponiendo que el resto de la cartera no se mueve, tu cartera pasa de 100.000 € a 65.000 €.

Has sufrido una caída del 35 % en toda la cartera por una sola decisión.

Ahora cambia únicamente una cosa.

En lugar de invertir 50.000 €, inviertes 5.000 €.

La empresa vuelve a caer un 70 %.

La pérdida es:

5.000 € × 70 % = 3.500 €

Tu cartera pasaría de 100.000 € a 96.500 €, otra vez suponiendo que todo lo demás permaneciese igual.

Misma empresa.

Misma caída.

Mismo error de análisis.

Pero un resultado completamente diferente.

Una fórmula muy sencilla que merece la pena recordar

Puedes aproximar el impacto de una caída así:

Peso de la posición × caída de la acción = impacto en la cartera

Por ejemplo:

Peso de la acción en tu carteraSi cae un 50 %Si cae un 70 %Si pierde todo su valor
5 %-2,5 %-3,5 %-5 %
10 %-5 %-7 %-10 %
20 %-10 %-14 %-20 %
50 %-25 %-35 %-50 %

Estoy simplificando y suponiendo que el resto de posiciones no cambia, pero precisamente por eso el ejemplo es tan útil.

El tamaño de una posición determina cuánto puede costarte estar equivocado.

Y fíjate en algo más.

Si tu cartera pierde un 35 %, no necesitas ganar un 35 % para volver al punto inicial.

Necesitas aproximadamente un 53,8 %.

Las pérdidas grandes tienen esa característica incómoda:

Caída de la carteraSubida necesaria para recuperar
-10 %+11,1 %
-20 %+25 %
-35 %+53,8 %
-50 %+100 %

Por eso yo no pensaría la gestión del riesgo como una forma de “tener menos caídas”.

La pensaría como una forma de evitar que una mala decisión te obligue a recuperar una barbaridad solo para volver al punto de partida.

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Entonces, ¿cuánto deberías invertir en cada acción?

Aquí sería muy fácil darte una regla del tipo:

“Nunca tengas más de un 5 % por acción.”

O un 10 %. O cualquier otra cifra redonda.

No me parece una buena forma de enseñarlo.

No existe un porcentaje mágico que sirva para todo el mundo y todas las empresas.

Una posición puede depender de tu patrimonio, el número de empresas que sigas, el grado de conocimiento que tengas del negocio, la incertidumbre de la tesis, tu horizonte y el riesgo que quieras asumir.

Lo que sí puedes hacer es invertir la pregunta.

En lugar de pensar:

“¿Cuánto quiero ganar si esta empresa sale bien?”

pregúntate:

“¿Cuánto daño puedo soportar si sale muy mal?”

Por ejemplo, antes de comprar una acción puedes hacer dos pruebas muy simples.

Prueba 1: imagina una caída del 50 %

Si la acción perdiese la mitad de su valor, ¿qué le ocurriría a tu cartera?

¿Seguirías teniendo una cartera razonable?

¿O una sola posición cambiaría por completo tu situación?

Prueba 2: imagina que la inversión sale desastrosamente mal

En una acción comprada sin apalancamiento puedes llegar a perder prácticamente toda la cantidad invertida.

No es el escenario habitual de una gran empresa cotizada, evidentemente.

Pero como prueba de estrés es fantástica.

Si esa posición fuese a cero, ¿el daño sería soportable?

Si la respuesta es no, yo me preguntaría seriamente si la posición es demasiado grande.

No necesitas predecir una quiebra.

Necesitas asegurarte de que una quiebra improbable no sea capaz de hundirte.

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Concentración: cuando una idea acaba decidiendo toda tu cartera

La concentración no es mala por definición.

Si una posición pesa más, también puede contribuir más a tu rentabilidad cuando aciertas.

Pero funciona exactamente igual en sentido contrario.

Y aquí hay una diferencia importante entre convicción y control del riesgo.

Puedes estar tremendamente convencido de una empresa y seguir equivocado.

El mercado está lleno de negocios que parecían extraordinarios hasta que dejaron de serlo.

Cambian competidores.

Cambian tecnologías.

Cambian los tipos de interés.

Cambia la regulación.

Cambian los consumidores.

Cambian los directivos.

Y a veces simplemente habíamos entendido mal el negocio.

Por eso una posición enorme no significa únicamente que esperas ganar mucho.

Significa que has convertido una parte importante del resultado de toda tu cartera en una apuesta sobre una sola tesis.

Si quieres profundizar en cómo repartir el riesgo entre empresas, sectores y geografías, eso lo vimos específicamente en la lección sobre cómo diversificar una cartera de acciones.

Aquí quiero que te quedes con algo más sencillo:

cuanto mayor es una posición, más caro te sale equivocarte.

¿Prefieres simplificar parte de la diversificación?

Si además de seleccionar acciones quieres utilizar ETFs para obtener exposición más amplia a mercados, sectores o índices, Freedom24 es la plataforma que recomendamos para invertir en ETFs.

Puedes abrir tu cuenta en Freedom24 desde este enlace y consultar la promoción vigente.

Las condiciones de la promoción pueden cambiar, así que yo comprobaría siempre las vigentes antes de abrir la cuenta.

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Volatilidad y riesgo no son exactamente lo mismo

Esta distinción me parece especialmente importante.

Imagina dos acciones que caen un 30 %.

En la primera, el negocio sigue creciendo, mantiene una situación financiera razonable y tu tesis de inversión continúa intacta. El mercado simplemente ha reducido la valoración que está dispuesto a pagar.

En la segunda, la empresa ha perdido un cliente fundamental, su deuda empieza a ser preocupante y sus flujos de caja se deterioran de forma estructural.

En la pantalla ocurre lo mismo:

-30 %.

Pero no estás ante el mismo riesgo.

La volatilidad mide cuánto se mueve el precio.

Eso importa. Sobre todo si puedes necesitar vender.

Pero el riesgo para un inversor de largo plazo va bastante más allá.

Lo que realmente me preocuparía es una pérdida permanente de capital.

Es decir, que el negocio o las condiciones de la inversión se deterioren de una forma que haga muy difícil recuperar el valor económico que esperabas.

Puede ocurrir porque:

  • el negocio pierde competitividad;
  • la deuda se vuelve insostenible;
  • existe una dilución importante;
  • los beneficios que esperabas nunca llegan;
  • pagaste un precio excesivo respecto a lo que finalmente genera la empresa;
  • o directamente tu análisis inicial era incorrecto.

Una caída de precio puede recuperarse.

Una empresa destruida económicamente no tiene por qué hacerlo.

Y confundir ambas cosas puede llevarte a dos errores opuestos.

Vender una buena inversión únicamente porque el precio ha caído.

O peor:

mantener eternamente una mala inversión únicamente porque “ya recuperará”.

El horizonte temporal también es gestión del riesgo

Imagina que compras una buena empresa pensando a diez años.

Tres meses después el mercado cae un 30 %.

Eso puede ser incómodo, pero si no necesitas ese dinero tienes margen para decidir qué hacer basándote en la empresa y no en una necesidad inmediata de liquidez.

Ahora imagina exactamente la misma inversión, pero necesitas ese dinero dentro de seis meses para pagar la entrada de una vivienda.

El activo es el mismo.

El riesgo para ti no.

La CNMV insiste precisamente en relacionar el riesgo asumible con el horizonte temporal y con la posibilidad de necesitar el dinero antes.

Por eso yo separaría siempre:

dinero que puedo mantener invertido durante mucho tiempo

de

dinero que probablemente voy a necesitar pronto.

La bolsa no tiene ninguna obligación de estar arriba justo el mes en el que tú quieras retirar.

Y esta es una de las razones por las que invertir dinero destinado a necesidades de corto plazo puede convertir una caída temporal en una pérdida real: podrías verte obligado a vender.

La liquidez importa especialmente cuando las cosas se complican

Otro riesgo fácil de ignorar es la liquidez.

En una empresa muy negociada normalmente puedes comprar o vender con bastante facilidad.

En valores menos líquidos puede haber menos compradores y vendedores.

¿El problema?

Que cuando quieras salir quizá tengas que aceptar un precio peor del que esperabas.

La CNMV define precisamente el riesgo de liquidez como la posible penalización en el precio cuando necesitas deshacer una inversión con rapidez, llegando en situaciones extremas a ser difícil recuperar el dinero en el momento deseado.

Esto importa todavía más cuando combinas:

  • una posición grande;
  • una acción poco líquida;
  • y necesidad de vender rápido.

Ahí el riesgo ya no consiste únicamente en si has acertado analizando la empresa.

También tienes que conseguir salir a un precio razonable.

Para una cartera sencilla de un inversor particular, yo no complicaría demasiado esta parte.

Pero sí comprobaría que entiendo qué estoy comprando, cuánto se negocia y qué podría ocurrir si necesito vender.

La deuda puede convertir un problema pequeño en uno enorme

Una empresa puede sobrevivir durante mucho tiempo a un mal trimestre.

Incluso a un mal año.

La situación cambia cuando tiene una estructura financiera frágil.

La deuda obliga a cumplir pagos independientemente de que el negocio esté pasando por un buen momento o no.

Y cuando una empresa necesita refinanciarse, vender activos o emitir nuevas acciones precisamente cuando peor van las cosas, el accionista puede acabar pagando buena parte de la factura.

Eso no significa que una empresa con deuda sea automáticamente peligrosa.

Ni muchísimo menos.

Hay negocios estables que pueden soportarla perfectamente.

Lo que importa es ponerla en contexto.

Si quieres aprender a analizarla con más detalle, tienes la lección sobre deuda neta/EBITDA.

Aquí la enseñanza es más sencilla:

si una empresa puede tener dificultades para sobrevivir a un escenario malo, yo sería especialmente cuidadoso con el tamaño de la posición.

Ojo con tener diez acciones que dependen de la misma cosa

Esta es una de mis formas favoritas de explicar la correlación.

Imagina que tienes diez empresas distintas.

Sobre el papel parece una cartera bastante repartida.

Pero resulta que:

  • seis dependen muchísimo del precio de los semiconductores;
  • otras dos son proveedores de esas seis;
  • y las dos restantes dependen del mismo ciclo de inversión tecnológica.

Tienes diez nombres.

Pero quizá no tienes diez riesgos distintos.

Lo mismo puede ocurrir con bancos del mismo país, promotoras inmobiliarias, petroleras, aerolíneas o empresas muy sensibles a los tipos de interés.

Por eso no miraría únicamente cuántas acciones tienes.

Miraría:

¿qué tendría que ocurrir para que muchas de ellas sufriesen a la vez?

La propia CNMV distingue entre el riesgo específico de determinadas inversiones y el riesgo sistemático o de mercado, que afecta al conjunto y no desaparece simplemente comprando más empresas.

No quiero desarrollar aquí toda la diversificación porque tiene su propia lección.

Pero sí quiero dejarte esta idea:

tener muchos tickers no garantiza que tengas muchos riesgos diferentes.

La valoración también forma parte del riesgo

Una empresa puede ser extraordinaria y aun así convertirse en una mala inversión si pagas cualquier precio por ella.

Imagina un negocio fantástico.

Crece.

Tiene buenos márgenes.

Poca deuda.

Una ventaja competitiva clara.

Hasta aquí, maravilloso.

Pero el mercado ya espera unos resultados absolutamente espectaculares durante muchos años.

En ese caso quizá no necesites que a la empresa le vaya mal para perder dinero.

Puede bastar con que le vaya menos bien de lo que todo el mundo esperaba.

Por eso separar empresa y precio me parece tan importante.

La calidad del negocio reduce algunos riesgos.

El precio que pagas introduce otros.

Si esta idea todavía no la tienes interiorizada, vuelve a la lección sobre qué es el valor intrínseco de una acción.

No necesitas calcular el valor exacto de una empresa para entender la idea:

cuanto más optimismo estás pagando, menos margen tienes para que las cosas salgan simplemente “bien” en lugar de extraordinariamente bien.

Tu tesis de inversión necesita una condición de salida

Una de las mejores cosas que puedes hacer antes de comprar una acción es escribir por qué la estás comprando.

No veinte páginas.

Tres o cuatro ideas pueden bastar.

Por ejemplo:

  • por qué crees que el negocio es atractivo;
  • qué esperas que ocurra;
  • qué riesgos estás aceptando;
  • y qué tendría que cambiar para demostrar que estabas equivocado.

Eso último es fundamental.

Porque si no defines qué puede romper tu tesis, cualquier noticia puede convertirse después en una excusa.

La acción cae:

“Es una oportunidad para comprar más.”

Vuelve a caer:

“El mercado no entiende el negocio.”

La empresa empeora:

“Hay que pensar a largo plazo.”

Y así puedes terminar confundiendo paciencia con negación.

Yo distinguiría entre dos situaciones.

El precio ha cambiado

La empresa sigue ejecutando razonablemente bien y tu análisis fundamental no ha cambiado.

Una caída por sí sola no demuestra que tu tesis estuviese equivocada.

Los hechos han cambiado

El negocio pierde su ventaja.

La deuda aumenta hasta niveles preocupantes.

Los márgenes se deterioran estructuralmente.

La dirección cambia la asignación de capital.

Tus hipótesis de crecimiento dejan de sostenerse.

Aparece un competidor que altera el mercado.

Ahí ya no estás ante el mismo caso de inversión que compraste.

Y toca analizarlo otra vez.

Para eso te recomiendo volver también a la guía sobre cómo analizar una empresa antes de invertir.

Gestionar el riesgo también significa aceptar que una tesis puede romperse.

¿Necesitas utilizar un stop loss para gestionar el riesgo?

No necesariamente.

Y aquí hay bastante confusión porque muchas explicaciones sobre gestión del riesgo mezclan inversión y trading.

Un stop puede ser una herramienta útil dentro de determinadas estrategias.

Pero para un inversor en acciones a largo plazo yo no lo convertiría en el centro de la gestión del riesgo.

¿Por qué?

Porque vender automáticamente una empresa simplemente porque ha bajado un porcentaje concreto no responde a la pregunta importante:

¿ha cambiado el valor económico del negocio o solo su precio?

Un stop tampoco sustituye:

  • un tamaño de posición sensato;
  • entender la empresa;
  • revisar su situación financiera;
  • controlar la concentración;
  • ni saber por qué compraste.

Si quieres entender exactamente cómo funcionan las órdenes stop, limitadas y de mercado, eso sí lo tienes explicado en la lección de tipos de órdenes en bolsa.

Aquí me quedaría con una regla mucho más simple:

una orden puede ayudarte a ejecutar una decisión de riesgo; no puede tomar esa decisión por ti.

Promediar a la baja tampoco es una estrategia de riesgo por sí sola

Otra idea peligrosa es asumir que cada caída es una oportunidad para comprar más.

A veces lo será.

Otras veces estarás aumentando tu exposición precisamente a una empresa cuya tesis se está deteriorando.

Hay una diferencia enorme entre:

comprar más porque el precio es mejor y los fundamentales siguen sosteniendo tu tesis

y

comprar más únicamente porque no quieres reconocer una pérdida.

Antes de aumentar una posición yo volvería al principio.

¿Sigue siendo válida mi tesis?

¿Ha cambiado el riesgo?

¿Cuánto pesará la empresa después de esta compra?

¿Qué ocurre con mi cartera si sigo equivocado?

Si estás utilizando aportaciones periódicas como parte de tu estrategia, en la lección sobre DCA con acciones explico cuándo tiene sentido y qué deberías vigilar.

Un sistema sencillo para gestionar el riesgo antes de comprar

No necesitas un modelo de 40 columnas.

Para empezar, yo me haría estas preguntas.

1. ¿Cuánto pesará esta acción?

Calcula el porcentaje sobre toda tu cartera, no únicamente la cantidad en euros.

5.000 € pueden ser poco en una cartera de 500.000 € y muchísimo en una de 10.000 €.

2. ¿Qué pasa si cae un 50 %?

Calcula el impacto.

No intentes decidir todavía si puede ocurrir.

Mira simplemente qué pasaría.

3. ¿Qué pasa si la inversión sale fatal?

Haz el escenario extremo.

Si perder prácticamente todo lo invertido cambia tu vida financiera, quizá has puesto demasiado.

4. ¿Qué estoy dando por hecho?

Crecimiento.

Márgenes.

Cuota de mercado.

Financiación.

Demanda.

Competencia.

Cuantos más supuestos necesites acertar simultáneamente, más incertidumbre tienes.

5. ¿Qué puede romper la tesis?

Déjalo definido antes de enamorarte de la posición.

6. ¿Tiene una deuda que pueda complicar un escenario malo?

No necesitas convertirte en analista de crédito.

Pero sí saber si el balance puede absorber problemas.

7. ¿Puedo vender razonablemente si lo necesito?

Especialmente importante en valores pequeños o poco negociados.

8. ¿Tengo otras posiciones expuestas al mismo riesgo?

Sector.

País.

Divisa.

Tipos de interés.

Precio de una materia prima.

Mismo ciclo económico.

9. ¿Cuándo puedo necesitar ese dinero?

Tu horizonte importa tanto como el activo.

10. ¿Qué tendría que ocurrir para que aumentase o redujese la posición?

Pensarlo antes ayuda bastante más que improvisarlo después de una caída del 30 %.

Si puedes responder estas diez preguntas, ya estás haciendo bastante más gestión del riesgo que alguien que se limita a buscar qué acción puede subir más.

Si quieres invertir utilizando también ETFs

Si tu estrategia incluye ETFs para simplificar parte de la cartera, puedes hacerlo a través de Freedom24, que es la plataforma que recomendamos para invertir en ETFs.

Consulta aquí la promoción vigente y abre tu cuenta en Freedom24.

Como siempre, revisa las condiciones actuales antes de invertir y no elijas un producto únicamente por una promoción.

Errores que parecen gestión del riesgo, pero no lo son

Hay algunas ideas que suenan prudentes y pueden darte una falsa sensación de seguridad.

“Tengo muchas acciones, así que estoy protegido”

Depende.

Si todas responden a los mismos factores, puedes seguir teniendo mucha concentración.

“Es una empresa buenísima, puedo darle mucho peso”

Una empresa excelente también puede decepcionar, sufrir un problema inesperado o estar demasiado cara.

Convicción no significa certeza.

“Si cae, simplemente esperaré”

Esperar tiene sentido si la tesis sigue viva y tu horizonte lo permite.

Esperar no arregla un negocio deteriorado.

“Mientras no venda, no he perdido”

Contablemente puedes tener una pérdida no realizada.

Económicamente, si una empresa ha destruido valor, el hecho de no vender no lo deshace.

“Comprar más siempre reduce mi precio medio”

Eso es matemáticamente cierto.

Lo que no significa que reduzca tu riesgo.

También estás aumentando el dinero expuesto.

“A largo plazo todo acaba recuperándose”

Los índices pueden tener una enorme capacidad de recuperación a largo plazo.

Una empresa individual no tiene esa obligación.

Algunas nunca vuelven a sus máximos.

Otras desaparecen.

Este punto es importantísimo cuando inviertes en acciones concretas.

El riesgo no se controla una sola vez

Comprar bien es solo el principio.

Después cambian dos cosas.

La empresa.

Y tu cartera.

Quizá la acción que empezó pesando un 5 % sube muchísimo y acaba representando un 15 %.

Quizá varias empresas diferentes terminan concentrando tu exposición en el mismo sector.

Quizá cambia tu situación personal y ahora necesitas el dinero antes de lo previsto.

Quizá la tesis empresarial ya no es la misma.

La CNMV también recomienda revisar periódicamente si las inversiones siguen encajando con el nivel de riesgo, los objetivos y la situación del inversor.

Y precisamente aquí aparece el siguiente problema del curso.

¿Qué haces cuando los pesos de tu cartera han cambiado y ya no representan la estructura que querías?

Eso es rebalancear.

Lo veremos en la siguiente lección.

La idea con la que quiero que salgas de esta lección

Invertir bien no consiste únicamente en encontrar buenas empresas.

Consiste también en conseguir que una empresa equivocada no tenga poder suficiente para arruinar muchos años de buenas decisiones.

Yo resumiría toda esta lección en cuatro preguntas:

¿Cuánto puedo perder?

¿Cuánto afectaría esa pérdida a toda mi cartera?

¿Qué tendría que ocurrir para demostrar que mi tesis estaba equivocada?

¿Podría seguir invirtiendo con normalidad si sucede?

Si la respuesta a la última pregunta es no, probablemente estás asumiendo demasiado riesgo.

Porque el objetivo no es construir una cartera en la que nunca te equivoques.

Eso no existe.

El objetivo es construir una cartera que pueda sobrevivir a tus errores.

Y ahora que ya sabes cómo pensar ese riesgo, el siguiente paso es aprender cómo rebalancear una cartera cuando sus pesos empiezan a cambiar.

Si has llegado directamente a esta lección y todavía no has diseñado tu sistema completo, volvería primero a cómo crear una cartera de acciones desde cero.

Y si quieres seguir todo el proceso en orden, tienes aquí el Curso de Bolsa desde Cero GRATIS.

Una última opción si quieres combinar acciones y ETFs

Para quien prefiera complementar su selección de acciones con ETFs, puedes abrir una cuenta en Freedom24 desde nuestro enlace y comprobar la promoción disponible.

No dejaría que el regalo decida dónde inviertes. Primero mira si la plataforma y los productos encajan con tu estrategia; después, aprovecha la promoción si tiene sentido para ti.