Ahorrar vs invertir: no sirven para lo mismo

Ahorrar o invertir no es una decisión entre una opción aburrida y otra más rentable.

Tampoco tienes que elegir un equipo.

Ahorrar sirve, sobre todo, para conservar dinero que necesitas tener disponible. Invertir consiste en poner parte de ese dinero a trabajar buscando crecimiento, pero aceptando que su valor puede bajar y que la rentabilidad no está garantizada.

Para mí, la diferencia importante está ahí.

El dinero que puedes necesitar para un imprevisto dentro de dos meses no debería asumir el mismo riesgo que el dinero que estás acumulando para un objetivo dentro de veinte años.

Y cuando entiendes esto, la pregunta deja de ser:

“¿Es mejor ahorrar o invertir?”

Y pasa a ser:

“¿Qué trabajo tiene que hacer este dinero?”

Esa segunda pregunta es muchísimo más útil.

Ahorrar vs invertir
Ahorrar vs invertir

Para ir al grano

Ahorrar e invertir son complementarios.

  • Ahorra el dinero que necesitas conservar, tener disponible o utilizar en un plazo cercano.
  • Invierte el dinero que realmente puedes permitirte mantener expuesto a cierta incertidumbre durante un periodo suficiente.
  • No inviertas simplemente porque “el dinero parado pierde valor”.
  • No mantengas eternamente todo tu patrimonio en efectivo simplemente porque invertir da miedo.
  • Puedes —y normalmente tiene bastante más sentido— ahorrar e invertir al mismo tiempo para objetivos diferentes.

El Banco de España hace precisamente esta distinción: separa el ahorro destinado a imprevistos o gastos próximos del dinero que no vamos a necesitar a corto y medio plazo y que, por tanto, podemos plantearnos invertir.

Ahora vamos a convertir esta idea en algo que puedas utilizar.

Relacionado Cómo analizar una empresa antes de invertir: el checklist que yo seguiría

Ahorrar vs invertir: la diferencia de verdad

Podemos resumirlo así:

AhorrarInvertir
Objetivo principalConservar y disponer del dineroHacer crecer el capital
Riesgo sobre el capitalNormalmente bajo en productos adecuadosExiste posibilidad de pérdidas
Rentabilidad esperadaGeneralmente menorPotencialmente mayor
DisponibilidadSuele priorizarseDepende de la inversión
Plazo habitualCorto o para necesidades previsiblesHabitualmente más largo
CertidumbreMayorMenor
Ejemplos de usoImprevistos, gastos próximos, objetivos cercanosJubilación, creación de patrimonio, objetivos lejanos

Pero hay un matiz importante.

Ahorrar no significa necesariamente dejar el dinero sin generar nada.

Puedes tener dinero en una cuenta remunerada o en un depósito y recibir intereses. Sigue cumpliendo principalmente una función de ahorro si lo que buscas es conservar ese capital bajo unas condiciones conocidas y mantener una disponibilidad adecuada a tu objetivo.

Y al revés: que algo tenga poca volatilidad o parezca conservador no significa automáticamente que esté libre de riesgo.

Por eso prefiero no obsesionarme con la etiqueta.

Yo miraría cuatro cosas:

para qué necesitas el dinero, cuándo lo necesitarás, qué pérdida podrías asumir y con qué facilidad necesitas recuperarlo.

Esas cuatro preguntas dicen mucho más que llamar a algo simplemente “ahorro” o “inversión”.

Relacionado DCA con acciones: cómo invertir cada mes sin intentar adivinar el mercado

El error está en pensar que uno es mejor que el otro

Invertir suele tener una rentabilidad esperada superior al ahorro.

Entonces, ¿por qué no invertir absolutamente todo?

Porque la rentabilidad no es el único objetivo que tiene tu dinero.

Imagina que mañana se rompe el coche y necesitas 2.000 € para arreglarlo.

Te da exactamente igual que una inversión tenga unas magníficas perspectivas para los próximos diez años. Necesitas los 2.000 € ahora.

Si para conseguirlos tienes que vender una inversión después de una caída, acabas convirtiendo una pérdida que quizá era temporal en una pérdida real.

Ese dinero necesitaba hacer otro trabajo.

Necesitaba darte liquidez y seguridad.

Ahora piensa en el caso contrario.

Tienes dinero que no necesitas para ningún gasto próximo, tus necesidades financieras inmediatas están cubiertas y estás ahorrando pensando en algo que ocurrirá dentro de décadas.

Mantener ese capital indefinidamente en efectivo también tiene un coste.

No necesariamente porque veas bajar el número de euros de tu cuenta, sino porque con el paso del tiempo puede cambiar lo que esos euros son capaces de comprar.

Eso es exactamente lo que veremos en la siguiente lección sobre cómo afecta la inflación a tu dinero.

Por eso no compraría ninguno de estos dos extremos:

“Hay que invertir todo cuanto antes.”

Ni tampoco:

“Mientras no invierta, no estoy asumiendo ningún riesgo.”

Son riesgos diferentes.

La clave es utilizar cada herramienta para el problema que resuelve.

Relacionado Errores al invertir en bolsa: 10 fallos psicológicos que pueden arruinar una buena estrategia

Antes de invertir, separa el dinero por objetivos

Esta es probablemente la forma más sencilla que conozco de plantearlo.

No mires tu saldo bancario como una única montaña de dinero.

Sepáralo mentalmente según su función.

Dinero que debe estar disponible

Aquí metería el dinero que necesitas para vivir, cubrir gastos previstos o afrontar imprevistos.

Su prioridad no es conseguir una rentabilidad espectacular.

Su prioridad es estar ahí cuando haga falta.

Por eso, antes de plantearte cuánto invertir, necesitas haber hecho el trabajo de la lección anterior sobre qué hacer antes de empezar a invertir.

No voy a repetir aquí cómo construir un presupuesto, gestionar tus deudas o calcular un fondo de emergencia porque esta lección no va de eso.

Lo importante ahora es entender una cosa:

si un euro tiene la misión de protegerte ante un imprevisto, no debería depender de que el mercado esté teniendo una buena semana cuando necesites recuperarlo.

Dinero destinado a un objetivo cercano

Supongamos que estás acumulando dinero para una entrada, un máster, un coche o cualquier otro gasto concreto.

Aquí yo me preguntaría:

¿qué pasa si cuando llega la fecha tengo menos dinero del que puse?

Si la respuesta es “me destroza el plan”, probablemente preservar el capital tenga mucho más peso que intentar arañar una rentabilidad mayor.

Cuanto menos flexible sea la fecha y la cantidad que necesitas, más importante se vuelve esta cuestión.

No quiero entrar demasiado en plazos porque tenemos una lección completa sobre cómo utilizar el horizonte temporal al invertir.

Quédate simplemente con la lógica:

cuanto antes puedas necesitar el dinero, menos margen tienes para esperar a que una mala racha de mercado se recupere.

La propia CNMV recuerda que no deberías invertir dinero que puedas necesitar a corto plazo.

Dinero para objetivos lejanos

Aquí cambia la cosa.

Si hablamos de capital que realmente no necesitas ahora y cuyo objetivo está suficientemente lejos, puedes empezar a plantearte aceptar incertidumbre a cambio de una mayor rentabilidad esperada.

Eso no significa meterlo automáticamente en bolsa.

Significa que ya puede tener sentido estudiar inversiones.

Después vendrán muchas más preguntas:

¿Qué riesgo puedes asumir?

¿Qué vas a comprar?

¿Cuánto cuesta?

¿En qué proporción?

¿Durante cuánto tiempo?

Pero esas son otras lecciones.

Ahora solo estamos decidiendo qué dinero puede siquiera llegar a la puerta de entrada de una inversión.

Relacionado Curso de Bolsa desde Cero GRATIS: aprende a invertir en acciones paso a paso

Un ejemplo: tienes 20.000 €, ¿cuánto ahorras y cuánto inviertes?

Vamos con un ejemplo completamente hipotético.

Imagina que tienes 20.000 €.

Decir:

“Tengo 20.000 € para invertir.”

puede ser completamente falso.

Quizá esos 20.000 € están haciendo cuatro trabajos distintos.

Por ejemplo:

DineroPara qué lo necesitasPrioridad
5.000 €Colchón que has decidido mantener para imprevistosDisponibilidad
3.000 €Gasto previsto durante los próximos mesesConservar el capital
4.000 €Objetivo importante relativamente cercanoEvitar asumir un riesgo incompatible con el objetivo
8.000 €Capital para un objetivo a muy largo plazoPuede plantearse la inversión

¿Significa esto que todo el mundo con 20.000 € debería invertir exactamente 8.000 €?

No.

El ejemplo sirve para enseñar justo lo contrario.

La cantidad que puedes invertir no depende únicamente de cuánto dinero tienes. Depende de para qué necesitas cada parte de ese dinero.

Otra persona con los mismos 20.000 € podría estar en una situación completamente diferente.

Tal vez necesite 15.000 € dentro de pocos meses.

O quizá tenga todas sus necesidades cubiertas y prácticamente todo ese capital esté destinado a construir patrimonio a largo plazo.

Mismo saldo.

Decisión completamente distinta.

Por eso más adelante dedicaremos una lección específica a cuánto dinero necesitas realmente para empezar a invertir.

Relacionado Ventajas y desventajas de los ETFs: lo bueno, lo malo y lo que conviene entender antes de invertir

La mejor pregunta: ¿qué pasa si pierdo dinero justo cuando lo necesito?

Esta es una pregunta que me gusta mucho porque obliga a salir de la teoría.

Imagina que estás pensando en invertir un dinero concreto.

Pregúntate:

¿Qué ocurriría si esta inversión cae justo antes de que necesite el dinero?

Si la respuesta es:

“Nada. No tengo ninguna obligación de vender y puedo esperar.”

la inversión puede tener más sentido.

Si la respuesta es:

“Tendría que vender igualmente porque necesito ese dinero para pagar algo.”

yo tendría mucho más cuidado.

Y fíjate en algo.

No necesitamos saber todavía si la inversión caerá un 5 %, un 20 % o un 40 %.

Tampoco necesitamos saber qué activo vas a comprar.

La pregunta ya nos ha enseñado algo fundamental:

tu capacidad de asumir riesgo depende también de lo que ocurra en tu vida fuera de los mercados.

Más adelante veremos la relación entre riesgo y rentabilidad con bastante más detalle.

Por ahora quédate con esto:

invertir significa aceptar que el valor de tu dinero puede no evolucionar como esperabas, precisamente cuando menos te conviene.

Liquidez y seguridad no son exactamente lo mismo

Hay otro error que veo fácil cometer cuando empiezas.

Pensar:

“Si puedo venderlo mañana, entonces puedo utilizar ese dinero mañana.”

Técnicamente puede ser verdad.

Económicamente, no necesariamente.

Una inversión puede ser muy líquida porque existe un mercado donde puedes venderla rápidamente y, aun así, cotizar en ese momento bastante por debajo del precio al que la compraste.

Poder vender no es lo mismo que poder recuperar exactamente el dinero que necesitas.

Al mismo tiempo, determinados productos destinados al ahorro pueden limitar o penalizar la retirada anticipada.

Por eso la liquidez merece analizarse por separado.

Tenemos una lección completa sobre qué significa la liquidez de una inversión, pero aquí quiero dejarte una idea:

Para el dinero que podrías necesitar de forma imprevista importan tanto la facilidad para recuperarlo como las condiciones en las que puedes hacerlo.

¿Ahorrar es realmente “seguro”?

Depende de dónde tengas el dinero.

Guardar billetes en casa no tiene el mismo riesgo que mantener un depósito en una entidad cubierta por un sistema de garantía.

En España, con carácter general, el Fondo de Garantía de Depósitos cubre hasta 100.000 € por titular y entidad para los depósitos dinerarios de entidades adheridas.

Pero aquí hay otra distinción muy importante.

Esa protección no significa que cualquier producto financiero contratado a través de una entidad esté protegido frente a pérdidas de mercado.

El propio FGD explica que, en el caso de valores financieros, la garantía puede cubrir determinados supuestos de no devolución, pero no cubre la pérdida de valor que sufra la inversión.

Dicho de otra forma:

una acción que cae no se convierte en una pérdida cubierta por el Fondo de Garantía de Depósitos porque la hayas comprado desde una entidad financiera.

Parece obvio cuando lo explicas así.

Pero la diferencia entre riesgo del producto, riesgo de la entidad y protección del dinero depositado es importante.

Entonces, ¿una cuenta remunerada es ahorro o inversión?

Yo la trataría principalmente como una herramienta de ahorro si su función es mantener dinero disponible, con un riesgo muy bajo y unas condiciones que entiendes.

Que recibas intereses no convierte automáticamente el producto en una inversión.

Este punto me parece importante porque si no acabamos utilizando una definición demasiado simple:

Ahorro = 0 % de rentabilidad.
Inversión = genera rentabilidad.

No funciona así.

Tu ahorro también puede generar intereses.

Y tu inversión puede perder dinero.

La diferencia útil está en qué riesgo aceptas, qué certidumbre tienes sobre el capital y qué función cumple ese dinero.

De hecho, una buena cuenta remunerada puede permitir que el dinero que necesariamente debe seguir siendo ahorro no esté completamente parado.

Pero no confundas eso con el objetivo de una cartera pensada para crear patrimonio durante décadas.

Son herramientas distintas.

¿Y la inflación? Aquí aparece el coste de ahorrar demasiado

Hasta ahora podría parecer que ahorrar tiene una ventaja evidente:

si puedo evitar fluctuaciones, ¿por qué iba a invertir?

Porque conservar el número de euros no garantiza conservar lo que esos euros pueden comprar.

Si los precios aumentan con el tiempo, necesitas más dinero para comprar lo mismo.

Ese deterioro del poder adquisitivo es uno de los principales problemas de mantener durante muchos años demasiado capital en efectivo con una rentabilidad insuficiente.

Pero no quiero resolver esa lección aquí.

Es precisamente lo que veremos a continuación en cómo afecta la inflación a tu dinero y a tus inversiones.

Solo quiero evitar un error.

Que exista inflación no significa que debas invertir el fondo que necesitarás dentro de tres meses.

A veces leo argumentos que, resumidos, vienen a decir:

“El efectivo pierde poder adquisitivo, así que invierte todo.”

Yo no lo veo así.

La inflación es un coste.

Tener que vender una inversión con pérdidas justo cuando necesitas pagar algo puede ser un problema muchísimo mayor.

No optimices la rentabilidad de un dinero olvidando para qué existe ese dinero.

Ahorrar e invertir al mismo tiempo tiene mucho más sentido de lo que parece

Creo que parte de la confusión aparece porque hablamos de ahorrar e invertir como dos etapas perfectamente separadas.

Primero ahorro.

Después dejo de ahorrar.

Y entonces invierto.

En la práctica no tiene por qué funcionar así.

Puedes recibir tu sueldo y dividir una parte entre diferentes objetivos.

Una cantidad puede ir aumentando el dinero reservado para un gasto.

Otra puede ir destinada a una inversión de largo plazo.

Y otra puede quedarse simplemente disponible.

No existe ninguna contradicción.

De hecho, seguir ahorrando puede ser precisamente lo que te permite invertir con más tranquilidad.

Si sabes que los gastos próximos y los imprevistos razonables están cubiertos, tendrás menos probabilidades de tocar una inversión de largo plazo simplemente porque aparece un problema de corto plazo.

El ahorro protege tu capacidad de esperar.

Y el tiempo puede ser una variable enormemente importante cuando inviertes.

Más adelante veremos por qué en la lección sobre el interés compuesto.

Una regla sencilla para decidir qué hacer con tu dinero

Si tuviera que reducir toda esta lección a un proceso práctico, utilizaría estas preguntas.

1. ¿Para qué es este dinero?

No “para ganar más”.

¿Qué objetivo concreto tiene?

¿Imprevistos?

¿Un gasto?

¿Una vivienda?

¿Jubilación?

¿Construir patrimonio sin una fecha concreta?

Si todavía no puedes responder, la lección sobre cómo definir tus objetivos de inversión te ayudará bastante.

2. ¿Cuándo podría necesitarlo?

No necesitas predecir el día exacto.

Pero sí distinguir entre un dinero que podrías necesitar pronto y otro que puedes mantener durante muchos años.

El plazo cambia muchísimo la decisión.

3. ¿Necesitas recuperar una cantidad concreta?

Esto me parece especialmente importante.

No es lo mismo decir:

“Quiero utilizar este dinero algún día.”

que:

“Necesito 25.000 € para una fecha determinada.”

Cuanto más rígida sea la cantidad que necesitas y menos flexible sea la fecha, menos margen tienes para tolerar una caída justo antes.

4. ¿Qué ocurre si temporalmente vale menos?

Aquí empiezas a comprobar si realmente tienes capacidad para asumir riesgo.

No solo emocional.

También financiera.

Puedes pensar que soportarías perfectamente ver caer una inversión hasta que descubres que ese dinero era el que necesitabas para otra cosa.

Tu reacción emocional también cuenta y la trataremos específicamente al hablar del perfil inversor.

5. ¿Entiendes dónde vas a poner el dinero?

Una vez decides que una cantidad puede invertirse, todavía no has decidido cómo invertirla.

Ese es otro problema.

La CNMV insiste en que todos los productos de inversión incorporan algún nivel de riesgo y en que no deberíamos invertir en productos cuyas características y riesgos no comprendemos.

Y estoy completamente de acuerdo con la idea.

Que el dinero sea invertible no convierte cualquier inversión en adecuada.

¿Cuándo empezaría yo a plantearme invertir?

No buscaría una cifra mágica.

Miraría si se cumplen estas condiciones:

  • el dinero necesario para tus necesidades inmediatas está separado;
  • una emergencia razonable no te obligaría automáticamente a vender;
  • no tienes previsto necesitar ese capital pronto;
  • tienes un objetivo que justifica asumir riesgo;
  • aceptas que durante el camino la inversión puede valer menos;
  • entiendes qué estás comprando antes de poner dinero.

Cuando esas piezas empiezan a encajar, ya tiene sentido pasar de la pregunta “¿debo ahorrar o invertir?” a preguntas mucho más interesantes sobre cómo invertir.

Y ahí empieza de verdad el resto del curso.

Si ya estás en ese punto

Dentro del curso, la plataforma que recomendamos para invertir es Freedom24.

Si ya has separado correctamente el dinero que debe seguir siendo ahorro y quieres empezar a construir tu parte de inversión, puedes abrir una cuenta en Freedom24 desde nuestro enlace.

El enlace puede llevar asociada una promoción para nuevos clientes. Las condiciones y el valor de la promoción cambian, así que prefiero que compruebes la oferta vigente en la propia página en lugar de darte aquí una cifra que pueda quedarse desactualizada.

Y una cosa más: abrir la cuenta no significa que tengas que comprar nada inmediatamente.

Primero entiende qué quieres hacer.

Después ejecuta.

Cinco errores que evitaría con el ahorro y la inversión

Invertir el dinero para imprevistos

El problema no es únicamente que la inversión pueda caer.

Es que puedes verte obligado a vender precisamente cuando menos te conviene.

El dinero que necesitas como red de seguridad tiene otra función.

No invertir nunca porque “al menos así no pierdo”

Que el saldo no caiga nominalmente no significa que tu dinero mantenga indefinidamente el mismo poder adquisitivo.

A largo plazo, quedarse siempre en efectivo también es una decisión.

Y tiene consecuencias.

Invertir por miedo a la inflación

Este es casi el error opuesto.

La inflación importa, pero no convierte en buena idea asumir riesgo con dinero que puedes necesitar mañana.

Primero decide qué función tiene el capital.

Después optimiza.

Pensar que liquidez significa ausencia de riesgo

Puedes ser capaz de vender una inversión en segundos y aun así recuperar menos de lo que pusiste.

Son conceptos diferentes.

Utilizar la misma solución para todo tu dinero

Quizá este sea el más importante.

Tu dinero para imprevistos, tus próximas vacaciones y tu jubilación no tienen por qué estar en el mismo sitio.

No porque un producto sea bueno significa que sea bueno para cualquier objetivo.

Ahorrar o invertir: mi forma de decidirlo

Yo utilizaría este esquema:

SituaciónQué priorizaría
Dinero para imprevistosAhorro y disponibilidad
Gasto conocido y próximoConservación del capital
Objetivo con fecha cercana y poco flexibleSeguridad antes que rentabilidad
Objetivo lejano y capital que no necesitas ahoraEmpezar a estudiar inversión
Dinero sin un objetivo definidoDefinir primero para qué existe

Fíjate en que no he puesto:

“Menos de X años = ahorro. Más de X años = inversión.”

A propósito.

La vida real tiene más matices.

Un objetivo puede ser flexible.

Otro puede ser imprescindible.

Una persona puede asumir una caída temporal sin problema.

Otra puede necesitar ese capital antes de lo previsto.

El plazo importa muchísimo, pero el plazo no decide solo.

Con qué quiero que te quedes

Ahorrar no es la versión cobarde de invertir.

E invertir no es simplemente ahorrar mejor.

Cumplen funciones distintas.

Ahorrar te da liquidez, margen y capacidad de afrontar necesidades sin depender de lo que estén haciendo los mercados.

Invertir te permite buscar crecimiento para el capital que puedes comprometer durante más tiempo, a cambio de aceptar riesgo e incertidumbre.

Necesitas entender ambas.

Y, en muchos casos, necesitarás hacer ambas a la vez.

Si después de esta lección empiezas a mirar tu dinero y pensar:

“Esta parte tiene que estar disponible, esta otra tiene un objetivo cercano y esta sí puedo plantearme invertirla durante años”,

ya has dado un paso enorme.

Porque has dejado de pensar únicamente en cuánto dinero tienes.

Ahora estás pensando en qué función tiene cada euro.

Y eso cambia bastante la forma de invertir.


Sigue con el Curso de inversión desde cero

← Lección 1: Qué hacer antes de empezar a invertir

Lección 2: Ahorrar vs invertir — estás aquí.

→ Lección 3: Cómo afecta la inflación a tu dinero

También puedes volver al Curso de inversión desde cero completo.