Gastos fijos y variables: cómo distinguirlos y controlar mejor tu dinero

Curso de Finanzas Personales desde Cero · Módulo 2 · Lección 7

← Lección anterior: Regla 50/30/20 Siguiente lección: Qué es la tasa de ahorro →Distinguir entre gastos fijos y variables parece bastante sencillo hasta que empiezas a mirar tus propios movimientos bancarios.El alquiler está claro. ¿Pero la luz? ¿El supermercado? ¿Una suscripción? ¿El seguro del coche que pagas una vez al año?Y hay una confusión todavía más importante: un gasto fijo no tiene por qué ser necesario y un gasto variable no tiene por qué ser prescindible.Netflix puede ser un gasto fijo y completamente discrecional. La comida es variable y, obviamente, necesaria.Para mí, esa segunda distinción es la que hace realmente útil este ejercicio.
Gastos fijos y variables diferencias y ejemplos
Gastos fijos y variables diferencias y ejemplos

Para ir al grano

Los gastos fijos son aquellos que puedes prever con bastante facilidad porque se repiten y su importe suele mantenerse relativamente estable.

Los gastos variables cambian según tu consumo, tus decisiones o las circunstancias de cada mes.

Pero después debes hacer una segunda pregunta:

¿Este gasto es necesario o discrecional?

Cuando cruzas las dos cosas empiezas a ver mucho mejor dónde se está yendo tu dinero y, sobre todo, dónde tienes margen real para actuar.

NecesarioDiscrecional
FijoAlquiler, hipoteca, cuotas de préstamosSuscripciones, gimnasio
VariableAlimentación, electricidad, transporteRestaurantes, ocio, compras no necesarias

Esta es la lección 7 del Curso de Finanzas Personales desde Cero. Si todavía no tienes claro cuánto dinero entra y sale de tu economía cada mes, yo volvería primero a la lección sobre flujo de caja personal.

Aquí partimos de que ya sabes más o menos qué gastas.

Ahora toca entender qué tipo de gastos tienes.

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Qué son los gastos fijos

Un gasto fijo es un gasto recurrente que puedes prever con una precisión razonable y que, al menos durante un periodo de tiempo, no depende demasiado de cuánto consumas.

Por ejemplo:

  • alquiler;
  • cuota de una hipoteca;
  • préstamo;
  • seguro;
  • cuota del gimnasio;
  • suscripciones;
  • cuota de una academia;
  • determinados servicios contratados con una tarifa estable.

Hay un matiz importante.

Fijo no significa que su precio no vaya a cambiar jamás.

Tu alquiler puede subir. El gimnasio puede cambiar su tarifa. Netflix puede encarecer la suscripción. El seguro del coche puede renovarse a otro precio.

Sigue teniendo sentido considerarlos gastos fijos porque durante el periodo que estás analizando son compromisos bastante previsibles.

La pregunta práctica sería:

¿Sé aproximadamente cuánto voy a pagar por esto el mes que viene aunque no haga nada diferente?

Si la respuesta es sí, probablemente estés delante de un gasto fijo.

Un gasto fijo tampoco tiene que pagarse todos los meses

Este es otro punto donde es fácil equivocarse.

Imagina un seguro del coche de 600 € que pagas una vez al año.

No aparece todos los meses, pero tampoco es una sorpresa. Sabes que llegará y puedes estimar su coste.

A efectos de entender tus finanzas, puedes pensar que tiene un peso equivalente a:

600 € / 12 meses = 50 € al mes

Eso no significa que tengas que pagarlo mensualmente. Simplemente te ayuda a ver cuánto consume realmente de tu capacidad económica.

Más adelante, en la lección de sinking funds, veremos precisamente cómo preparar este tipo de gastos previstos que no llegan todos los meses.

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Qué son los gastos variables

Los gastos variables son aquellos cuyo importe cambia dependiendo de cuánto consumes, lo que haces o lo que ocurre durante el mes.

Ejemplos bastante claros serían:

  • supermercado;
  • electricidad;
  • gasolina;
  • restaurantes;
  • ocio;
  • ropa;
  • viajes;
  • regalos;
  • determinados gastos médicos.

Puedes gastar 250 € en alimentación un mes y 340 € al siguiente.

Puedes gastar 40 € en gasolina o 150 €.

Puedes no cenar fuera en todo el mes o hacerlo cuatro veces.

Por eso son variables.

Pero cuidado con una idea que aparece mucho cuando se habla de presupuesto:

variable no significa innecesario.

La electricidad es variable.

La comida es variable.

El combustible puede ser variable y completamente necesario si necesitas el coche para trabajar.

Clasificar todos los gastos variables como “caprichos” te lleva a entender bastante mal tus propias finanzas.

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La clasificación que me parece mucho más útil: fijo o variable + necesario o discrecional

Aquí está la parte importante de esta lección.

Yo no me quedaría únicamente con dos columnas.

Usaría dos preguntas para cada gasto:

1. ¿Es fijo o variable?
Esto me dice cómo se comporta.

2. ¿Es necesario o discrecional?
Esto me dice cuánto margen tengo para prescindir de él o modificarlo.

Finanzas para Todos utiliza precisamente una clasificación que diferencia entre gastos fijos obligatorios, variables necesarios y discrecionales dentro del presupuesto.

Yo lo visualizaría con esta matriz:

TipoEjemplosQué te dice
Fijo y necesarioAlquiler, hipoteca, cuotas de deudaCompromisos difíciles de modificar rápidamente
Fijo y discrecionalStreaming, gimnasio, clubes, determinadas suscripcionesSe repiten automáticamente, pero puedes cuestionarlos
Variable y necesarioComida, electricidad, transporteLos necesitas, aunque puedes optimizar cuánto gastas
Variable y discrecionalRestaurantes, ocio, compras impulsivasTienes bastante capacidad para decidir cuánto gastar

Esta matriz parece una tontería.

No lo es.

Porque cambia completamente la pregunta.

No se trata de:

“¿Qué gastos variables puedo eliminar?”

Se trata de:

“¿Qué parte de mis gastos puedo modificar sin cargármelo todo por el camino?”

Y eso es bastante más útil.

Una suscripción es el ejemplo perfecto

Imagina que pagas 15 € todos los meses por una plataforma que apenas utilizas.

Es un gasto:

fijo + discrecional.

Ahora imagina que gastas unos 300 € al mes en comida.

Es:

variable + necesario.

Si solo utilizaras la etiqueta fijo/variable, podrías acabar dedicando más energía a ahorrar 20 € en el supermercado que a cancelar servicios recurrentes que ni utilizas.

Por eso yo siempre miraría las dos dimensiones.

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Cómo clasificar tus gastos paso a paso

No necesitas hacer un Excel con veinte pestañas.

De hecho, si conviertes esto en un proyecto enorme probablemente no lo termines.

Empieza cogiendo los movimientos de tus últimos dos o tres meses.

Si todavía tienes tus cuentas bastante desordenadas, antes puede venirte bien revisar cómo organizar tus finanzas personales.

Ahora sí.

1. Apunta cada gasto relevante

No necesitas registrar hasta el último céntimo para entender la estructura.

Busca especialmente:

  • vivienda;
  • recibos;
  • seguros;
  • deuda;
  • transporte;
  • alimentación;
  • suscripciones;
  • ocio;
  • compras;
  • otros gastos recurrentes.

Si ya has creado tu presupuesto personal, probablemente tengas gran parte del trabajo hecho.

2. Pregunta si el importe es previsible

¿Sabes aproximadamente cuánto pagarás el próximo mes?

Si suele mantenerse estable, márcalo como fijo.

Si depende bastante del consumo o de tus decisiones, márcalo como variable.

No hace falta alcanzar precisión contable.

Necesitas una clasificación que te ayude a tomar decisiones.

3. Pregunta qué ocurriría si dejaras de pagarlo

Ahora viene la segunda etiqueta.

¿Puedes eliminarlo sin afectar seriamente a tus necesidades básicas, obligaciones o funcionamiento diario?

Si no, probablemente sea necesario.

Si podrías prescindir de él aunque te dé comodidad, diversión o calidad de vida, es discrecional.

Y discrecional no significa malo.

Esto también me parece importante.

Salir a cenar no es un error financiero. Irte de vacaciones tampoco. Tener Netflix tampoco.

El problema aparece cuando tu dinero se va en cosas que no has elegido conscientemente y después no queda para las que sí te importan.

4. Separa los gastos que no son mensuales

Seguro del coche.

IBI.

Mantenimiento.

Regalos de Navidad.

Vacaciones.

Matrículas.

Que no aparezcan todos los meses no significa que no existan.

Y tampoco deberíamos llamar “imprevisto” a algo que sabemos que probablemente llegará.

Una avería inesperada puede ser una cuestión para tu fondo de emergencia.

El seguro anual del coche no.

5. Mira cuánto pesa cada grupo

Una vez clasificados, suma:

gastos fijos necesarios

gastos fijos discrecionales

gastos variables necesarios

gastos variables discrecionales

Ahora tu economía empieza a verse de otra forma.

Ya no tienes simplemente “2.000 € de gastos”.

Sabes qué parte está comprometida y qué parte puedes modificar.

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Vamos con un ejemplo completo

Supongamos que ganas 2.300 € netos al mes.

Tus gastos medios son estos:

GastoImporte mensualTipo
Alquiler850 €Fijo necesario
Internet y móvil45 €Fijo necesario
Préstamo150 €Fijo necesario
Seguro del coche prorrateado50 €Fijo necesario
Gimnasio35 €Fijo discrecional
Streaming25 €Fijo discrecional
Alimentación320 €Variable necesario
Luz y otros suministros100 €Variable necesario
Transporte90 €Variable necesario
Farmacia25 €Variable necesario
Restaurantes150 €Variable discrecional
Ocio120 €Variable discrecional
Compras no esenciales90 €Variable discrecional
Total2.050 €

Te quedan 250 € antes de decidir qué hacer con ellos.

Todavía no voy a llamar a esos 250 € “ahorro”, porque precisamente la siguiente lección del curso será sobre cómo calcular tu tasa de ahorro.

Lo interesante ahora es ver la estructura.

Tus gastos fijos suman:

1.155 € al mes.

Eso representa aproximadamente:

1.155 / 2.300 × 100 = 50,2 % de tus ingresos netos.

¿Es bueno? ¿Es malo?

No lo sabemos únicamente con ese dato.

Y yo evitaría inventarme un porcentaje mágico.

Lo que sí sabemos es que aproximadamente la mitad de tus ingresos ya están comprometidos antes de empezar a tomar decisiones durante el mes.

Eso sí es información útil.

¿Qué porcentaje de tus ingresos deberían ser gastos fijos?

No existe una cifra universal que sirva para todo el mundo.

Y aquí tendría cuidado con cualquier regla que te diga que superar determinado porcentaje significa automáticamente que gestionas mal tu dinero.

No vive igual alguien que gana 1.500 € pagando 800 € de alquiler que alguien que ingresa 6.000 € y destina 2.500 € a compromisos fijos.

Tampoco es igual tener un empleo muy estable que ingresos completamente variables.

Lo que yo miraría es otra cosa:

¿Cuánto margen te queda después de pagar tus compromisos?

Cuantos más gastos fijos acumulas, menor es tu capacidad de adaptarte rápidamente a un problema.

Si tus ingresos caen mañana, el restaurante lo puedes recortar inmediatamente.

El alquiler, no tanto.

Por eso conocer el porcentaje de gastos fijos sirve más como medida de rigidez financiera que como nota de aprobado o suspenso.

La regla 50/30/20 que vimos en la lección anterior puede ayudarte a pensar en necesidades, deseos y ahorro, pero no confundas esa clasificación con fijo y variable.

Son cosas diferentes.

Entonces, ¿dónde recortaría primero?

Aquí es donde clasificar empieza a servir para algo.

Porque todos los recortes no cuestan lo mismo.

Primero miraría los gastos fijos discrecionales

Son interesantes porque puedes hacer una sola decisión y obtener ahorro todos los meses.

Imagina una suscripción de 15 € que no utilizas.

Parece poco.

Pero son:

15 € × 12 = 180 € al año.

Tienes cinco servicios parecidos y la cifra ya cambia bastante.

No se trata de cancelar absolutamente todo.

Se trata de preguntarte:

¿Seguiría contratando esto hoy si todavía no lo tuviera?

Me parece una pregunta muchísimo mejor que revisar una lista de domiciliaciones y dar por hecho que todas tienen que seguir ahí.

Después revisaría los grandes gastos fijos necesarios

Aquí puede estar el mayor impacto.

Seguro.

Telecomunicaciones.

Financiaciones.

Vivienda, cuando realmente existe posibilidad de cambiarla.

No siempre podrás reducirlos y algunos cambios tienen un coste enorme.

Pero un ahorro estructural de 100 € al mes equivale a:

1.200 € al año.

Una sola decisión puede valer más que pasarte meses intentando perseguir cada café de 2 €.

No me malinterpretes.

Los pequeños gastos cuentan.

Pero muchas veces se habla muchísimo de “gastos hormiga” mientras nadie mira al elefante que tiene sentado en el salón.

Los gastos variables discrecionales se controlan de otra manera

Aquí no puedes cancelar algo una vez y olvidarte.

Tienes que decidir cuánto quieres gastar.

Restaurantes.

Ocio.

Ropa no necesaria.

Compras impulsivas.

Viajes.

Puedes poner límites sin convertir tu vida en una competición para ver cuánto consigues sufrir.

Si disfrutas cenando fuera y entra perfectamente en tus números, no veo ningún motivo para convertirlo en un problema.

El objetivo de unas buenas finanzas personales no es gastar lo mínimo posible.

Es gastar de una forma coherente con lo que quieres hacer con tu dinero.

Y los variables necesarios se optimizan, no se eliminan

Comida.

Electricidad.

Transporte.

Medicamentos.

Aquí el objetivo suele ser encontrar eficiencia.

Comparar.

Evitar desperdicio.

Cambiar hábitos cuando tenga sentido.

Pero recortar no siempre significa mejorar.

Comprar alimentos peores únicamente para reducir la cifra del supermercado no me parece una gran victoria financiera.

El truco que más me gusta: mirar el coste anual

Los gastos recurrentes tienen una característica peligrosa.

Los vemos pequeños porque pensamos en ellos mensualmente.

9,99 €.

19,99 €.

29 €.

39 €.

No impresionan demasiado.

Prueba a multiplicarlos por doce.

Coste mensualCoste anual
10 €120 €
20 €240 €
40 €480 €
75 €900 €
100 €1.200 €

De repente empiezas a tomar decisiones de otra manera.

Yo utilizaría esta regla especialmente con suscripciones y servicios contratados.

No preguntes únicamente:

“¿Me importan 20 € este mes?”

Pregunta también:

“¿Compraría hoy este servicio por 240 € al año?”

La respuesta puede cambiar.

Hay gastos que no encajan perfectamente en una caja

La vida no lleva un plan contable debajo del brazo.

Hay gastos mixtos.

Y no pasa nada.

Electricidad

Normalmente la trataría como variable necesaria, aunque la factura pueda tener una parte fija y otra relacionada con el consumo.

¿Podrías dividirla?

Sí.

¿Te ayuda realmente a tomar mejores decisiones?

Probablemente no en un presupuesto personal sencillo.

Teléfono

Si tienes una tarifa plana de 20 € todos los meses, es bastante razonable considerarlo un gasto fijo.

Si continuamente aparecen cargos adicionales según consumo, hay una parte variable.

Coche

El coche no es “un gasto”.

Tiene muchos.

El seguro puede ser fijo y periódico.

El combustible es variable.

El mantenimiento puede ser irregular pero previsible.

Una avería importante puede ser inesperada.

Precisamente por eso meter todo bajo “coche: 300 €” a veces oculta más de lo que explica.

Ropa

Puede ser necesaria o discrecional.

Necesitar un abrigo porque no tienes ninguno no es lo mismo que comprar otro porque te gusta.

La categoría depende del gasto concreto.

Tarjeta de crédito

Y esta genera mucha confusión.

La tarjeta es una forma de pago, no una categoría de gasto.

Si pagas un supermercado con tarjeta de crédito, sigue siendo alimentación.

Si pagas Netflix con la tarjeta, sigue siendo una suscripción.

Luego podremos analizar aparte cómo funciona la financiación de una tarjeta, pero no mezcles el medio de pago con el motivo por el que gastaste el dinero.

Cinco errores que intentaría evitar

Pensar que todo gasto fijo es obligatorio. Una suscripción puede cobrarse religiosamente cada mes y seguir siendo completamente prescindible.

Pensar que todo gasto variable es malo. La alimentación o la electricidad cambian de importe y eso no los convierte en caprichos.

Tratar un gasto anual conocido como una emergencia. Si sabes que el seguro llegará, no te ha pillado por sorpresa. Simplemente no lo habías preparado.

Obsesionarte con clasificar perfectamente cada euro. El objetivo es entender tu dinero, no aprobar un examen de contabilidad doméstica.

Recortar lo pequeño sin mirar lo grande. Ahorrar 20 € al mes está bien. Reducir un compromiso recurrente en 150 € puede cambiar mucho más tu economía.

Una forma práctica de convertir esta clasificación en algo útil

Después de hacer este ejercicio deberían ocurrir dos cosas.

La primera es que sabes cuánto dinero necesitas aproximadamente para sostener tus compromisos habituales.

La segunda es que puedes identificar qué parte del gasto depende mucho más de tus decisiones.

A partir de ahí, separar físicamente el dinero puede ayudarte bastante.

Una opción que recomendamos es Trade Republic para mantener separado parte del dinero que no quieres mezclar con el gasto corriente. Trade Republic permite añadir fondos mediante transferencia SEPA y actualmente ofrece en España servicios de cuenta corriente; yo revisaría siempre las condiciones vigentes antes de utilizar cualquier producto financiero.

No necesitas convertir esto todavía en un sistema complejo de cuatro cuentas.

Eso lo veremos en la lección sobre cómo organizar tus cuentas bancarias.

Por ahora la idea es más sencilla:

no mezcles mentalmente el dinero comprometido con el dinero disponible.

Si tienes 2.300 € en la cuenta pero 1.155 € corresponden a compromisos fijos, no tienes realmente 2.300 € para gastar como quieras.

Parece evidente cuando lo lees.

En la práctica, es una de las cosas que más fácilmente olvidamos.

Tus gastos fijos dicen mucho sobre tu capacidad para adaptarte

Esta es probablemente la idea con la que más me quedaría.

Un presupuesto con muchos gastos variables puede ser incómodo de controlar, pero también tiene bastante flexibilidad.

Un presupuesto cargado de compromisos fijos puede parecer muy estable mientras todo va bien.

El problema llega cuando bajan los ingresos.

Volvamos al ejemplo anterior.

Ingresas 2.300 € y tienes 1.155 € de gastos fijos.

Ahora imagina que tus ingresos bajan temporalmente a 1.900 €.

Los 1.155 € siguen ahí.

Antes representaban aproximadamente el 50 % de tus ingresos.

Ahora superan el 60 %.

No has contratado absolutamente nada nuevo.

Simplemente has perdido margen.

Por eso no me obsesionaría únicamente con cuánto gastas.

También miraría qué parte de tu estilo de vida has convertido en una obligación mensual.

Eso determina cuánto puedes adaptarte cuando vienen mal dadas.

No necesitas dejar de disfrutar para mejorar tus números

Hablar de gastos suele degenerar demasiado rápido en listas sobre dejar de tomar café, no salir a cenar y cancelar todo lo divertido.

Yo no lo veo así.

Tus gastos discrecionales existen precisamente porque el dinero también sirve para vivir.

La pregunta es si los has elegido conscientemente.

Puedes gastarte 150 € al mes cenando fuera porque te encanta y eliminar 70 € en suscripciones que ni recuerdas tener.

Otra persona hará exactamente lo contrario.

Perfecto.

Un buen sistema financiero no decide tus prioridades por ti. Hace visibles las consecuencias de tus prioridades.

Y eso cambia bastante la forma de mirar el gasto.

Qué haría después de clasificar todos mis gastos

Una vez tengas las cuatro categorías delante, yo haría una revisión sencilla.

Miraría qué gastos fijos discrecionales ya no me aportan suficiente valor.

Después estudiaría si existe algún gasto fijo importante que pueda renegociar o reducir.

Y por último pondría límites razonables a los variables donde vea que estoy gastando más de lo que realmente quiero.

El dinero que consigas liberar no debería desaparecer de nuevo dentro del saldo de tu cuenta.

Más adelante veremos cómo automatizar el ahorro, pero incluso antes de llegar ahí puedes empezar a separarlo.

Aquí Trade Republic puede ser una solución práctica si quieres dejar fuera del circuito de gasto habitual parte del dinero que vas reservando.

La herramienta ayuda.

Pero primero necesitas el sistema.

Si no sabes cuánto puedes separar, abrir otra cuenta no arregla el problema.

Quédate con esta idea antes de pasar a la siguiente lección

Los gastos fijos y variables no te dicen si estás gastando bien o mal.

Te dicen cómo se comporta tu gasto.

Después necesitas añadir una segunda capa:

¿Es necesario o discrecional?

Ahí empiezas a ver de verdad dónde tienes margen.

Para mí, la clasificación útil queda así:

Fijo necesario → compromisos que debes vigilar porque reducen tu flexibilidad.

Fijo discrecional → uno de los primeros lugares donde buscar gastos recurrentes que ya no compensan.

Variable necesario → gastos que conviene optimizar sin tratarlos como si pudieras eliminarlos.

Variable discrecional → dinero sobre el que tienes bastante capacidad de decisión mes a mes.

Si además consigues separar del gasto cotidiano el dinero que quieres conservar —por ejemplo utilizando una cuenta distinta o una opción como Trade Republic— será mucho más difícil confundir “dinero que tengo” con “dinero que puedo gastar”.

Y ahora viene la pregunta lógica.

Después de pagar todo esto, ¿cuánto estás consiguiendo conservar realmente cada mes?

Eso es exactamente lo que vamos a calcular en la siguiente lección.

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