Cómo hacer un presupuesto personal que de verdad puedas mantener

Un presupuesto personal no sirve para decirte que gastas demasiado en cafés.

Sirve para algo bastante más importante: decidir qué quieres hacer con tu dinero antes de que el mes decida por ti.La idea es sencilla. Calculas cuánto dinero va a entrar, estimas cuánto necesitas para vivir, reservas lo que quieras destinar a ahorro, deuda u objetivos y repartes el resto de forma consciente.Después compruebas si la realidad se parece al plan.Eso es presupuestar.Y no necesitas una aplicación sofisticada, controlar cada céntimo ni acertar a la primera.De hecho, te diría que tu primer presupuesto probablemente estará mal.No pasa nada.Lo importante es que el segundo sea mejor.Esta es la lección 5 del Curso de Finanzas Personales desde Cero y la primera del módulo dedicado a controlar lo que entra y sale. Venimos de aprender a calcular tu flujo de caja personal. Ahora vamos a utilizar esa información para decidir qué debería pasar con tu dinero durante el próximo mes.Después continuaremos con la regla 50/30/20, que es una de las formas posibles de repartirlo.
Cómo hacer un presupuesto personal paso a paso
Cómo hacer un presupuesto personal paso a paso

Para ir al grano: así se hace un presupuesto personal

Si nunca has hecho uno, empieza con este proceso:

  1. Calcula los ingresos que realmente tendrás disponibles.
  2. Revisa cuánto estás gastando de verdad.
  3. Ten en cuenta los gastos que no llegan todos los meses.
  4. Decide cuánto quieres destinar a ahorro, deuda y objetivos.
  5. Asigna una cantidad realista a cada parte de tu vida.
  6. Comprueba que los números cuadran.
  7. Compara durante el mes lo presupuestado con lo que realmente ocurre.
  8. Corrige el siguiente presupuesto con lo que hayas aprendido.

Ingresos → gastos → ahorro/deuda → objetivos → asignación → seguimiento.

No necesitas conseguir el presupuesto perfecto.

Necesitas uno suficientemente realista como para poder utilizarlo.

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Qué es exactamente un presupuesto personal

Un presupuesto personal es un plan sobre cómo vas a utilizar tus ingresos durante un periodo determinado, normalmente un mes.

Fíjate en la palabra importante:

plan.

Aquí está la diferencia con lo que aprendimos en la lección anterior.

Tu flujo de caja puede decirte:

El mes pasado ingresé 2.500 € y gasté 2.200 €.

Perfecto.

Eso describe lo que ocurrió.

Un presupuesto intenta responder otra pregunta:

El mes que viene voy a ingresar aproximadamente 2.500 €. ¿Qué quiero que ocurra con esos 2.500 €?

Ese pequeño cambio de perspectiva me parece fundamental.

No esperas a final de mes para descubrir cuánto has ahorrado.

Intentas decidirlo antes.

No miras después cuánto gastaste en ocio.

Decides cuánto te parece razonable gastar.

No significa que todo vaya a salir exactamente según lo previsto. La vida no funciona así.

El presupuesto es el mapa.

Después tendrás que conducir.

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Paso 1: calcula cuánto dinero tienes realmente para presupuestar

Empieza por tus ingresos netos, es decir, el dinero que realmente llega a tus cuentas y puedes utilizar.

Por ejemplo:

Ingresos del mesImporte
Nómina neta2.200 €
Trabajo adicional200 €
Otros ingresos100 €
Total2.500 €

Aquí yo sería bastante conservador.

Si cobras una nómina de 2.200 € todos los meses, presupuestar 2.200 € tiene sentido.

Si además haces trabajos esporádicos y algunos meses ganas 300 €, otros 600 € y otros nada, no asumiría automáticamente que esos 600 € van a aparecer.

Presupuestar dinero que todavía no sabes si vas a cobrar es una forma bastante sencilla de terminar gastando dinero que todavía no tienes.

Puedes adaptar el presupuesto cuando entren ingresos adicionales.

Al revés es bastante más incómodo.

¿Y si tus ingresos cambian todos los meses?

Si eres autónomo, freelance, comercial o tienes ingresos muy variables, el presupuesto sigue siendo útil. Simplemente necesitas ser más prudente con la cifra de partida.

Puedes revisar tus últimos meses y establecer un ingreso de referencia conservador con el que puedas cubrir tu estructura básica.

Cuando llegue un mes especialmente bueno, ya decidirás qué hacer con el excedente.

Lo que yo evitaría es aumentar tus gastos estructurales cada vez que tienes un buen mes.

Un mes excepcional no convierte automáticamente tus ingresos en excepcionales.

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Paso 2: utiliza tus gastos reales, no los gastos que te gustaría tener

Ahora necesitas saber cuánto dinero estás utilizando.

Y aquí aparece uno de los errores más habituales al hacer un presupuesto.

Imagina que durante los últimos tres meses has gastado alrededor de 400 € mensuales en alimentación.

Abres la hoja de cálculo y escribes:

Alimentación: 250 €.

¿Por qué?

Porque este mes vas a “controlarte”.

Eso no es todavía un presupuesto.

Es un deseo.

Yo empezaría utilizando la realidad como punto de partida. Después puedes decidir qué quieres cambiar.

Revisa los movimientos de tus cuentas y tarjetas de los últimos dos o tres meses y agrupa los gastos de una forma que te resulte útil.

No necesitas crear 47 categorías.

Para empezar podría bastar con algo así:

  • vivienda;
  • facturas;
  • alimentación;
  • transporte;
  • deuda;
  • seguros y otros compromisos;
  • ocio;
  • compras personales;
  • ahorro y objetivos;
  • otros.

Más adelante podrás afinar.

Además, en la siguiente parte del curso veremos con calma la diferencia entre gastos fijos y variables, porque entenderla ayuda bastante cuando llega el momento de decidir dónde puedes hacer ajustes.

Aquí quédate con una idea:

presupuesta lo que realmente haces antes de intentar convertirte de golpe en la versión perfecta de ti mismo.

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Paso 3: no olvides los gastos que no aparecen todos los meses

Este es uno de los puntos donde más presupuestos aparentemente buenos se rompen.

Seguro del coche.

Navidad.

Una matrícula.

El mantenimiento anual.

Vacaciones.

Una suscripción anual.

El dentista que ya sabes que tendrás que pagar.

No aparecen todos los meses, así que es fácil olvidarlos cuando preparas febrero.

Y después llega junio, aparece un recibo de 600 € y parece que ha ocurrido un imprevisto.

Pero no era un imprevisto.

Simplemente era un gasto irregular.

Pongamos un ejemplo.

Si sabes que el seguro del coche cuesta aproximadamente 600 € al año:

600 € / 12 meses = 50 € al mes.

Puedes empezar a tratar esos 50 € como parte de tu planificación mensual.

Así, cuando llegue el recibo, el dinero no tiene que salir mágicamente del sueldo de ese mes.

Este sistema tiene bastante más profundidad y lo veremos en la lección dedicada a los sinking funds o fondos para gastos previstos.

Y hay una diferencia importante.

Una factura anual conocida no debería competir con tu fondo de emergencia.

Una cosa estaba prevista.

La otra existe precisamente para lo que no podías prever.

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Paso 4: decide qué quieres conseguir con el dinero antes de repartirlo todo

Hasta aquí hemos trabajado con lo que entra y con lo que probablemente saldrá.

Ahora viene la parte interesante.

¿Qué quieres que haga tu dinero por ti?

Puede que quieras:

  • empezar a ahorrar;
  • amortizar deuda;
  • crear un colchón;
  • preparar la entrada de una vivienda;
  • ahorrar para un viaje;
  • acumular capital para un proyecto;
  • construir patrimonio a largo plazo.

No necesitas resolver toda tu vida financiera en esta lección.

Más adelante veremos cómo crear objetivos financieros con cantidades, fechas y prioridades.

Pero sí quiero que introduzcas una idea desde el primer presupuesto:

el ahorro no debería depender únicamente de lo que sobre.

El sistema de:

Cobro → gasto → gasto → gasto → a ver qué queda.

suele tener un pequeño problema.

Normalmente queda bastante menos de lo que imaginabas.

Prueba a darle al ahorro o a tu objetivo una cantidad concreta dentro del presupuesto.

No tiene que ser espectacular.

Tiene que ser sostenible.

Si actualmente puedes reservar 100 €, empieza con 100 €.

Si puedes reservar 400 €, estupendo.

Y si ahora mismo no puedes ahorrar porque tu presupuesto está muy ajustado o tienes otras prioridades financieras, eso también es información útil.

No conviertas un porcentaje arbitrario de Internet en una sentencia sobre si gestionas bien o mal tu dinero.

En otra lección calcularemos exactamente tu tasa de ahorro personal.

Paso 5: reparte el dinero de forma realista

Ahora sí.

Tenemos:

ingresos previstos

menos

gastos previstos

menos

ahorro, deuda y objetivos previstos.

Toca comprobar cómo encaja todo.

Imagina este presupuesto:

PartidaPresupuesto
Ingresos netos2.500 €
Vivienda800 €
Facturas y comunicaciones150 €
Alimentación350 €
Transporte150 €
Deuda150 €
Gastos anuales previstos100 €
Ahorro / objetivos400 €
Ocio250 €
Compras personales100 €
Margen para otros gastos50 €
Total asignado2.500 €

No quiero que copies estos porcentajes.

Ese no es el objetivo del ejemplo.

Tus números pueden ser completamente diferentes.

Alguien que vive en Madrid pagando alquiler tendrá una estructura distinta a alguien que tiene la vivienda pagada.

Una persona con hijos no se parece financieramente a una persona que vive sola.

Y alguien que gana 1.400 € no tiene el mismo margen que alguien que ingresa 4.000 €.

El presupuesto tiene que adaptarse a tu vida.

En la siguiente lección estudiaremos la regla 50/30/20 precisamente como lo que es: una posible referencia para distribuir el dinero, no una ley financiera que tengas que obedecer.

Paso 6: comprueba si tu presupuesto cuadra

Llegados aquí, haz esta cuenta:

Ingresos previstos − dinero asignado = resultado del presupuesto

Hay tres escenarios.

Si el resultado es positivo

Te queda dinero sin asignar.

No es un problema.

Pero decide qué quieres hacer con él.

Podrías aumentar tu margen, dedicar una parte al ahorro, adelantar un objetivo o simplemente reservarla.

Lo importante es evitar que se convierta automáticamente en:

“Como está ahí, me lo gasto.”

Si el resultado es cero

Has asignado todo el dinero disponible.

Perfectamente válido.

Eso no quiere decir que tengas que gastar hasta el último euro. Una parte puede estar destinada precisamente a ahorro u objetivos.

Si el resultado es negativo

Aquí sí tenemos información importante.

Estás intentando utilizar más dinero del que esperas ingresar.

Por ejemplo:

Ingresos: 2.000 €

Gastos y objetivos presupuestados: 2.250 €

Diferencia: −250 €

Esos 250 € tienen que salir de algún sitio.

De ahorros anteriores.

De deuda.

O de reducir alguna partida.

No desaparecen porque cierres Excel.

Y esta es precisamente una de las grandes ventajas del presupuesto: te obliga a enfrentarte al problema antes de que ocurra.

¿Qué hago si mis gastos son mayores que mis ingresos?

Primero, no intentaría arreglarlo recortando veinte cosas al mismo tiempo.

Buscaría las partidas con mayor impacto.

Pregúntate:

¿Hay algo que pueda eliminar?

¿Hay algo que pueda reducir?

¿Hay algún gasto que pueda renegociar?

¿Estoy pagando servicios que apenas utilizo?

¿Existe deuda que está absorbiendo demasiado dinero cada mes?

¿Tengo alguna posibilidad realista de aumentar ingresos?

Empieza por los euros grandes.

Ahorrar 4 € en una suscripción está bien.

Pero si tienes un problema de 400 € mensuales, necesitas encontrar soluciones de otro tamaño.

También intentaría no caer en la idea de que cualquier gasto agradable es automáticamente irresponsable.

Un presupuesto que elimina todo el ocio, todas las comidas fuera, todas las compras personales y cualquier pequeña diversión puede cuadrar maravillosamente en una hoja de cálculo.

La pregunta es cuánto tiempo vas a querer cumplirlo.

Un presupuesto demasiado restrictivo también puede ser un mal presupuesto.

Paso 7: compara lo que planeaste con lo que realmente ocurrió

Hacer el presupuesto el día 1 y volver a abrirlo el día 30 sirve de bastante poco.

Necesitas saber qué está pasando mientras todavía puedes corregirlo.

Pero tampoco creo que necesites mirar la cuenta cinco veces al día.

Yo haría una revisión breve una vez por semana.

Algo así:

PartidaPresupuestadoGastadoDisponible
Alimentación350 €190 €160 €
Transporte150 €75 €75 €
Ocio250 €210 €40 €
Compras personales100 €30 €70 €

Ahora tienes información para tomar decisiones.

Si llevas medio mes y ya has utilizado 210 € de los 250 € destinados a ocio, sabes que toca levantar un poco el pie.

No necesitas esperar a quedarte sin dinero para descubrirlo.

Y si utilizas una cuenta o tarjeta para tus gastos diarios, las propias herramientas de la plataforma pueden ayudarte a tener más visibilidad. Por ejemplo, una opción que recomendamos dentro de un sistema financiero sencillo es Trade Republic, que puedes valorar para gestionar de forma separada la parte de tu dinero que destines a ahorro e inversión en lugar de mezclar absolutamente todo con el gasto cotidiano.

La herramienta es secundaria.

Lo importante es que puedas responder en cualquier momento:

¿Cuánto había decidido gastar y cuánto me queda?

Tu primer presupuesto no tiene que acertar

Supongamos que presupuestas:

300 € para alimentación.

Termina el mes y has gastado:

365 €.

Puedes reaccionar de dos maneras.

La primera:

Soy incapaz de cumplir un presupuesto.

La segunda:

Vale. Quizá 300 € no era una estimación realista. ¿Hubo algo excepcional o mi gasto normal está más cerca de 350 €?

La segunda respuesta es mucho más útil.

Un presupuesto no es un examen.

Es un sistema de información.

Los primeros meses estás aprendiendo cosas como:

  • cuánto cuesta realmente tu vida;
  • qué gastos habías olvidado;
  • dónde sueles pasarte;
  • qué categorías habías calculado mal;
  • cuánto margen necesitas;
  • cuánto puedes ahorrar de forma sostenible.

Para mí, los tres primeros presupuestos deberían verse casi como calibraciones.

No intentes demostrar disciplina.

Intenta mejorar tus números.

Un ejemplo completo de presupuesto personal

Pongamos un caso hipotético.

Laura ingresa 2.300 € netos al mes.

Después de revisar sus últimos movimientos prepara este presupuesto:

ConceptoPresupuesto
Ingresos2.300 €
Alquiler750 €
Luz, agua, móvil e internet140 €
Alimentación300 €
Transporte100 €
Seguro y gastos anuales prorrateados100 €
Deuda150 €
Ahorro300 €
Ocio200 €
Compras y cuidado personal100 €
Otros / margen160 €
Total2.300 €

A mediados de mes descubre que el transporte está siendo más caro de lo esperado.

En lugar de ignorarlo, mueve 30 € desde la partida de “otros” hacia transporte.

Eso es exactamente lo que quiero que entiendas.

Modificar un presupuesto no significa haber fracasado.

Significa que estás utilizando el presupuesto.

El problema sería gastar esos 30 €, no actualizar nada y descubrir al final del mes que las cuentas no salen.

La plantilla de presupuesto más sencilla que necesitas

Puedes copiar esta estructura en Excel, Google Sheets, Notion, una libreta o cualquier aplicación que te resulte cómoda.

CategoríaPresupuestadoRealDiferencia
Ingresos
Vivienda
Facturas
Alimentación
Transporte
Deuda
Gastos periódicos
Ahorro / objetivos
Ocio
Compras personales
Otros
TOTAL

Y ya está.

No necesitas empezar con gráficos circulares, veinte fórmulas y una clasificación perfecta de cada Bizum.

Puedes complicarlo cuando la complicación te aporte algo.

Antes no.

Papel, Excel, una app o el banco: ¿qué es mejor para presupuestar?

La herramienta que realmente vayas a utilizar.

Así de simple.

Libreta

Muy sencilla y obliga a prestar atención.

Puede funcionar perfectamente si tienes pocas operaciones y disfrutas llevando las cuentas a mano.

Hoja de cálculo

Para mí es probablemente el punto medio más interesante.

Puedes adaptar categorías, hacer cálculos y mantener un histórico sin depender de una aplicación concreta.

Aplicación de presupuesto

Puede ahorrar trabajo al categorizar operaciones y enseñarte gráficos.

La pega es que algunas personas terminan dedicando más tiempo a configurar la aplicación que a tomar decisiones con el dinero.

Tus propias cuentas bancarias

También puedes utilizar movimientos, categorías y cuentas separadas para organizar el sistema.

Aquí vuelve a entrar Trade Republic como una alternativa que puedes valorar para separar determinadas partes de tu dinero y tener más claro qué capital estás destinando al presente y cuál estás reservando para ahorrar o invertir.

Pero no confundas herramienta con método.

Ninguna app arregla un presupuesto que parte de números irreales.

Los errores que más fácilmente destrozan un presupuesto

Intentar presupuestar de memoria

La memoria es sorprendentemente buena recordando el alquiler.

No tanto las seis compras pequeñas, los cafés, la farmacia, el regalo, la gasolina extra o esa suscripción que habías olvidado.

Revisa movimientos reales.

Hacer el presupuesto con tu mejor versión imaginaria

Si normalmente gastas 500 € en una categoría, no pongas 250 € sin tener un plan concreto para reducirla.

Primero mide.

Después cambia.

Olvidar los gastos anuales

Un gasto previsible no debería convertirse cada seis meses en una sorpresa.

Divide el importe y prepáralo con antelación.

Ahorrar únicamente lo que quede

Si ahorrar es importante para ti, dale un sitio desde el principio.

Más adelante veremos cómo convertir esto en un sistema con ahorro automático.

Crear demasiadas categorías

Supermercado.

Productos de limpieza.

Higiene.

Carne.

Verdura.

Café.

Panadería.

No necesitas convertir tus finanzas en la contabilidad de una multinacional.

Empieza simple.

Si después detectas que una categoría necesita más detalle, divídela.

No dejar ningún margen

La vida real rara vez termina exactamente en 2.000,00 €.

Un pequeño margen evita que cualquier desviación de 20 € obligue a rehacer todo el mes.

Abandonar después de un mal mes

Este posiblemente sea el peor.

Un presupuesto no deja de ser útil porque hayas gastado más de lo previsto.

Precisamente ahí es cuando empieza a darte información.

¿Tengo que utilizar la regla 50/30/20?

No.

Puede ser útil.

Pero no es obligatoria.

Hay personas a las que les encaja muy bien una distribución porcentual. Otras viven en ciudades con alquileres elevados, tienen deuda, ingresos bajos, hijos, objetivos muy agresivos o circunstancias que hacen que esos porcentajes tengan poco sentido.

Yo no empezaría intentando meter tu vida dentro de una fórmula.

Primero entendería tus números.

Después puedes utilizar una regla como referencia.

Eso es exactamente lo que veremos en la siguiente lección del curso: cómo funciona la regla 50/30/20 y cuándo puede no tener sentido utilizarla.

¿Cada cuánto hay que revisar el presupuesto?

Separaría dos cosas.

Durante el mes: una revisión rápida cada semana para detectar desviaciones.

Al terminar el mes: compara lo previsto con lo real y prepara el siguiente presupuesto.

No necesitas empezar desde cero cada treinta días.

Si tu alquiler sigue siendo el mismo, cópialo.

Si la factura cambia, ajústala.

Si siempre gastas más en alimentación de lo previsto, corrige la estimación.

Si has terminado de pagar una deuda, dale un nuevo destino a ese dinero.

El presupuesto debería ir aprendiendo contigo.

¿Y cuando ya consigo ahorrar todos los meses?

Entonces empieza la parte realmente interesante.

Porque el objetivo final de un presupuesto no es convertirte en experto en hojas de cálculo.

Es crear margen financiero.

Ese margen puede permitirte:

  • construir un colchón;
  • pagar deuda;
  • preparar gastos futuros;
  • cumplir objetivos;
  • invertir;
  • construir patrimonio.

Y cuando ya sabes qué cantidad puedes separar cada mes, tiene sentido empezar a pensar en cómo organizarla y automatizarla.

Por ejemplo, si en algún momento decides destinar una parte a inversión periódica, puedes valorar una plataforma como Trade Republic dentro de ese sistema. Pero el orden importa: primero consigue que tu presupuesto funcione; después decide qué hacer con el dinero que libera.

No inviertas dinero que en realidad vas a necesitar para pagar una factura dentro de tres semanas.

Qué quiero que hagas antes de continuar el curso

No leas diez artículos más sobre presupuestos.

Haz uno.

Aunque sea imperfecto.

Apunta:

1. Cuánto esperas ingresar este mes.

2. Cuánto necesitas para cubrir tus gastos.

3. Qué gastos no mensuales deberías prever.

4. Qué cantidad quieres reservar para ahorro, deuda u objetivos.

5. Cuánto puedes gastar en el resto sin superar tus ingresos.

Después revisa el resultado una vez por semana.

Eso ya te coloca bastante por delante de simplemente mirar el saldo de la cuenta y decidir en función de si “parece que queda dinero”.

Y si todavía sientes que todo está un poco desordenado, vuelve a la lección sobre cómo organizar tus finanzas personales. El presupuesto funciona mucho mejor cuando sabes cuál es tu situación de partida.

La idea con la que me quedaría

Un buen presupuesto no es el que consigue prever cada euro con precisión.

Es el que te permite tomar mejores decisiones antes de gastar.

Tiene que ser suficientemente sencillo para usarlo, suficientemente realista para cumplirlo y suficientemente flexible para adaptarse cuando la vida cambia.

Si solo te quedas con una idea, que sea esta:

no presupuestes para restringir tu dinero; presupuesta para darle una dirección.

Ya sabemos cuánto entra, cuánto puede salir y cómo construir un plan mensual.

Ahora toca responder una pregunta distinta:

¿cómo podríamos repartir esos ingresos de una forma sencilla?

Esa es la siguiente lección del Curso de Finanzas Personales desde Cero:

→ Regla 50/30/20: cómo funciona y cuándo tiene sentido

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